26 de noviembre de 2013

"Los hermanos Karamázov", de Fiódor M. Dostoievski

Los hermanos Karamazov Fiódor DOstoievski
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Fernando Otero y Marta Sánchez-Nieves. Marta Rebón (Libro III)
Editorial: Alba

SINOPSIS:
Los hijos legítimos de Fiódor Pávlovich Karamázov –un «bufón», un «filisteo», un «déspota», solo en última instancia un padre– se reúnen después de haber sido educados, lejos unos de otros, en distintas partes de Rusia: Dmitri es soldado y –como su padre– puro «ímpetu», bebedor, derrochador, lujurioso; Iván se ha convertido en un escéptico que duda de la ley, de la conciencia y de la fe (el primer existencialista, según Sartre); Aliosha ha abrazado la religión, todo el mundo lo llama «ángel» y vive en un monasterio. Ineluctablemente, la reunión familiar precipita la disolución y la tragedia.
Los hermanos Karamázov (1878-1880), que ahora presentamos en una nueva traducción, la primera en español en casi 50 años, fue la última novela de Dostoievski y sin duda una de esas obras decisivas cuya influencia ha perdurado hasta nuestros días. En ella se encuentra –diría un personaje de Kurt Vonnegut– «todo cuanto hay que saber en la vida»; también –añadiríamos– todo cuanto hay que saber del género narrativo. Con un narrador experto en tender lazos al lector y en crear con él una de las redes más fascinantes y comunicativas de la historia de la literatura, lo que Dostoievski construye no es solo una monumental visión del mundo moral humano (incertidumbre, crimen, perdón) sino un arriesgado y espléndido ensayo sobre la forma de reproducirlo.

OPINIÓN:
Ambientada en la caótica Rusia del siglo XIX, “Los Hermanos Karamázov” es la ópera magna del genial Fiódor Mijailovich Dostoievski y su mayor aporte a la literatura universal. En esta obra se encuentra condensada nada menos que su visión política, sociológica, filosófica, religiosa y psicológica. La trama gira en torno a una familia disfuncional compuesta por el cínico y desalmado Fiódor Pávlovich Karamázov y sus tres hijos: Dmitri, pasional y hedonista; Iván, racional y ateo; y Alekséi (Aliosha), puro y espiritual, aunque no por ello desprovisto de la pasión característica de los Karamázov. A ellos hay que sumarle Smerdiakov, supuesto hijo ilegítimo de Fiódor quien, además de no llevar el apellido, es su sirviente y cocinero.
Los conflictos familiares desembocan en la muerte de Fiódor Pávlovich, recayendo la sospecha en el mayor de sus hijos, dada la conocida rivalidad no sólo en el plano material (a la muerte de la madre de Dmitri, su padre hereda una gran fortuna que se empeña en malgastar), sino también carnal (los dos están enamorados de la misma mujer). A través de una narración magistral y omnisciente, Dosto nos sumerge en los rincones más profundos de la psiquis humana, denunciando a su vez la corrupción engendrada por el poder del dinero y la falta de valores que marcan a la Rusia de su tiempo.
La intención de Dostoievski, revelada por él mismo en el prólogo, era escribir dos novelas en torno a la figura de Aliosha (el nombre del protagonista fue elegido en honor a su hijo de tres años, que acababa de morir). La primera, relatando hechos transcurridos trece años atrás, necesarios para comprender la segunda y principal, que nunca llegó a escribirse. 
Amé este libro de principio a fin, aunque su inconclusión me dejó la peor de las nostalgias… Hoy, mientras caminaba por la calle, pensaba en Borges y en lo bueno que sería que existieran universos paralelos donde con sólo atravesar un portal pudiéramos acceder al Réquiem completo de Mozart, la Sagrada Familia de Gaudí en su versión final y, entre muchas otras obras, a aquélla que me permita saber los destinos de Aliosha y sus hermanos..
Dicen que el entierro de Dostoievski fue una verdadera apoteosis donde, según su esposa y destinataria de este libro colosal, los diferentes partidos se reconciliaron en el dolor y deseo de homenajear a este enorme escritor. No en vano su epitafio coincide con el epígrafe de su última novela: 
“En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo, pero si muere produce mucho fruto.” Evangelio de San Juan 12:24
Analía Gutiérrez

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