31 de diciembre de 2014

"Hermana Muerte", de Thomas Wolfe

Hermana muerte Thomas Wolfe
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Juan Sebastián Cárdenas
Editorial: Periférica

SINOPSIS:
«Uno de los textos más hermosos y enigmáticos de Thomas Wolfe», dijo William Faulkner de esta narración, de la que Wolfe escribió varias versiones. La muerte en Nueva Yok de cuatro personajes anónimos, y en momentos distintos, le sirve a nuestro autor para abordar uno de sus grandes temas: la desolación de las grandes ciudades contemporáneas.
La primera de esas muertes se produce en el simbólico mes de abril, durante el primer año de la vida del autor en Nueva York. «Hubo en ella algo especialmente cruel (…) clausurando toda esperanza y alegría en los corazones de los hombres que presenciaron el hecho, como transmitiéndoles al instante su juicio feroz e inexorable.» A partir de ahí, la prosa volcánica de Wolfe nos arrastra desde el asfalto y los rascacielos hasta las catacumbas del metro en un viaje casi alucinado por el reinado de la muerte entre los hombres, a los que no sólo castiga, sino que también abraza. No cabe duda de que, en medio de la desgracia, se nos ofrece también un poco de consuelo, como en esa imagen bellísima: las brumas del caliente hedor a aceite, gasolina y caucho gastado se mezclan con la fragancia cálida y terrenal de los árboles, el olor a hierba y flores de los parques.


«La calle entera estallaba de vida ante mí, como le habría ocurrido a cualquier otro joven del mundo en ese mismo instante. En lugar de verme aplastado, asfixiado bajo el resplandor arrogante hecho de poder, riqueza y multitud que bien podría haberme tragado como un átomo indefenso, sin dinero, sin esperanza, sin nombre, la vida se me presentaba como un desfile glorioso y un carnaval, una fastuosa feria en la que me movía con certidumbre y júbilo.»

OPINIONES:
Texto breve e hipnótico, dotado de un lirismo que, por desgracia, cada vez se estila menos, en el que el autor reflexiona, a modo de telón de fondo, sobre la soledad y el frenético e impasible ritmo del presente (de su presente, años 30).
La primera de las muertes que presencia en la ciudad, acaecida de manera violenta, es descrita en su forma con la crudeza del testigo presencial; a raíz de las otras tres, y centrado en las reacciones de quienes se acercan a curiosear, el autor muestra una sociedad de clases sin maquillar.
Las últimas páginas son un regalo en forma de prosa poética para quienes disfrutan dejándose deslizar entre palabras, donde el autor relaciona, cual si de hermanos se trataran, la muerte, los sueños y la soledad.
Maravilloso texto que no dudo en recomendar
.
“Hasta en tres ocasiones me había topado con el rostro de la muerte en la ciudad y ahora, en aquella primavera, volvíamos a vernos. Una noche –una de esas noches caleidoscópicas de locura, ebriedad y furia que conocí en aquel año, cuando merodeaba por la gran avenida de la oscuridad de sol a sol, desde la medianoche hasta el amanecer, cuando el mundo entero se proyectaba a mi alrededor en una danza descomunal y enloquecida– vi morir a un hombre en el metro.”
Así comienza esta novela breve, bastante peculiar, en la que el narrador describe las cuatro ocasiones en las que se ha encontrado cara a cara con la muerte en la ciudad de Nueva York; y el cómo y el porqué la última de ellas “perduraría finalmente en mi memoria con una cualidad majestuosa, aterradora y solemne que las demás no tuvieron.” La parte final del libro es una especie de himno desde la noche, una oda a la Muerte y a sus hermanas Soledad y Sueño. 
Thomas Wolfe despliega una prosa exuberante, intensamente lírica y que rebosa adjetivación. En algún momento me ha resultado densa y he tenido que releer algunos párrafos, pero me ha gustado bastante y me parece una escritura muy bella. He aquí un ejemplo de la última página:
“Suavemente, los grandiosos y oscuros caballos del Sueño galopan sobre la tierra. Las corrientes del Sueño avanzan en los corazones de los hombres, fluyen como ríos en la oscuridad, con el ritmo sincopado de su respiración, hasta un millón de rincones de la tierra. Fluyen hasta que los corazones de todos los vivos quedan aliviados de su carga insoportable, hasta que las almas de todos los hombres que alguna vez han respirado el aliento de la angustia y el esfuerzo quedan sanados y conquistados por el vasto encantamiento del oscuro, silencioso y envolvente sueño.”
Esther Rodríguez

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