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30 de enero de 2018

"Todo es posible", de Elizabeth Strout

Todo es posible Elizabeth Strout
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Rosa Pérez
Editorial: Duomo Nefelibata

SINOPSIS: 
Una novela sobre el eterno sueño de ser comprendidos. Una famosa escritora vuelve al Medio Oeste americano, a la ciudad de su infancia, y desencadena una serie de historias narradas por aquellos que la conocieron: recuerdos de soledad y condescendencia, sutiles y poderosos sentimientos; y el siempre creciente abismo entre el desear y el tener.

OPINIÓN:
No había encontrado el momento de comentar “Todo es posible" la última novela de Elizabeth Strout, quien ya me había entusiasmado con la genial “Olive Kitteridge” y conmovido con la singular “Me llamo Lucy Barton” que algunos consideran como una secuela de esta novela, pero yo no lo he visto así en absoluto.
Aunque se desarrolla en el pueblo de la América profunda donde nació y vivió Lucy Barton y en sus paupérrimos alrededores, donde poco ha cambiado, la novela es una historia de historias, hilvanadas con la maestría que ya nos demostró la autora en “Olive Kitteridge” aunque en este caso, todos los personajes se conocen o están emparentados o enlazados de alguna manera. Personajes cuya infancia ha transcurrido en la miseria, personajes traumatizados, enfrentados, desencantados, con pasiones y secretos inconfesables, que la autora desmenuza, de forma aparentemente sencilla, para mostrarnos hasta el último recoveco de su alma. 
Escrita en tercera persona y con la sencillez y el tono cercano que la caracteriza, Strout no podía dejar de presentarnos también historias de de personajes conmovedores y amables, que se sobreponen a sus traumas, se ayudan, se reconcilian y llegan a salir de la miseria y la frustración e incluso, alcanzar el amor, porque, como dice el título de esta estupenda novela, “Todo es posible”.

Me ha encantado.
Yolanda Castilla Galdos

18 de octubre de 2016

"Me llamo Lucy Barton", de Elizabeth Strout

Me llamo Lucy Barton Elizabeth Strout
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Flora Casas
Editorial: Duomo

SINOPSIS:
En una habitación de hospital en pleno centro de Manhattan, delante del iluminado edificio Chrysler, cuyo perfil se recorta al otro lado de la ventana, dos mujeres hablan sin descanso durante cinco días y cinco noches. Hace muchos años que no se ven, pero el flujo de su conversación parece capaz de detener el tiempo y silenciar el ruido ensordecedor de todo lo que no se dice. En esa habitación de hospital, durante cinco días y cinco noches, las dos mujeres son en realidad algo muy antiguo, peligroso e intenso: una madre y una hija que recuerdan lo mucho que se aman.

OPINIÓN:
“Me llamo Lucy Barton” es una pequeña y a la vez enorme novela de Elizabeth Strout, quien ya me había atrapado con la magistral “Oliver Kitteridge” que le valió el Premio Pulitzer en 2009.
En esta historia desbordante de ternura, la autora nos presenta a una mujer peculiar, que durante una convalecencia en el hospital, reflexiona sobre su dura infancia llena de penurias, sus complejas, casi inexistentes, relaciones familiares, sus miedos, sus carencias y sus querencias y con humildad y sencillez, a pesar de haber conseguido salir de la pobreza a base de esfuerzo y talento, va desgranando de forma a veces pueril, pero llena de sensibilidad sus sentimientos y su amor por los demás.
Narrada en primera persona, a base de reflexiones y pequeños diálogos llenos de emotividad, por la novela van desfilando personajes, situaciones, relaciones y anécdotas que conforman el pasado, el presente y quizá el futuro de Lucy Burton, una mujer entrañable, que nos enamora, mientras busca el sentido de su vida
.
Yolanda Castilla Galdos

Hay novelas sobre las cuales se desliza mi atención como si estuviera ante la contemplación de un paisaje y donde calibro sus cualidades sin que ningún componente emocional entre en juego; pero hay otras que, apenas la mirada posada en ellas, te ves prisionera de sus páginas y, como si de una habitación se tratase, tomas asiento para recibir el flujo de las emociones que te llega en intensas vaharadas. Ésta es lo que me ha sucedido cuando cayó en mis manos la última novela de Strout Elizabet "Me llamo Lucy Barton", autora de la que nada había leído aunque sí reseñas.
De gran brevedad, puede leerse fácilmente en una tarde. Relata en primera persona el reencuentro de una madre con su hija a la cual por complicaciones derivadas de una apendicitis retienen en el hospital. Esta circunstancia motiva que la madre acuda a visitarla y pase cinco días a su lado después de años sin haberse visto. La protagonista, cuyo origen es de un medio rural de suma pobreza, ha logrado por su valía personal salir de ese entorno y fraguarse "otra vida" en Nueva York.
Casada, con hijos y con pequeños éxitos literarios nos va relatando a través de las conversaciones cómo el mundo que le rodeó de pequeña estaba hecho de FRÍO en todos los sentidos: FRÍO FÍSICO por la pobres condiciones de vida, FRÍO EN LOS AFECTOS por parte de sus padres aunque hay la mención sutil y no explícitamente expuesta (al menos eso creo yo y no lo he visto reseñado en ninguna parte, y sí que me gustaría que alguien lo observara) de un componente sexual "la cosa" que afectaría (es lo que supongo y puedo equivocarme) a las relaciones de su padre con ella... y FRÍO mucho frío en el ENTORNO SOCIAL que se concreta en el desprecio que a nivel escolar y de convivencia sufren tanto ella como sus hermanos por ser pobres.
Ya mayor, en el hospital, ante la imposibilidad de cambiar el pasado, surge con una fuerza inacabable el sentirse querida por su madre, la asunción de su orfandad y el deseo infinito de no querer separarse de ella que no es otra cosa que el reconocimiento de sus raíces y una profunda nostalgia del lugar de donde proviene.
Novela excelente, breve y de muy fácil lectura de una escritora con un gran oficio y una amplia trayectoria profesional.
Ana Ballester

20 de abril de 2014

“Olive Kitteridge”, de Elizabeth Strout

Elizabeth Strout Olive Kitteridge
FICHA TÉCNICA: 
Género: Narrativa
Traducción:  Rosa Pérez Pérez
Editorial: El Aleph Editores

SINOPSIS:
Premio Pulitzer 2009. Olive Kitteridge es una maestra retirada que vive en un pequeño lugar de Maine, en Nueva Inglaterra. A veces dura, otras paciente, a veces lúcida, otras abnegadamente ciega, Olive Kitteridge lamenta las transformaciones que han agitado el pequeño pueblo de Crosby y la deriva catastrófica que va tomando el mundo entero, pero no siempre se da cuenta de los cambios menos perceptibles que afectan a las personas más cercanas: la desesperación de un ex alumno que ha perdido las ganas de vivir; la soledad de su propio hijo, que se siente tiranizado por los caprichos irracionales de Olive; y la presencia de su marido, Henry, que vive su fidelidad conyugal como una maldita bendición. Mientras la gente del lugar va afrontando sus problemas, sean leves o graves, Olive Kitteridge va tomando conciencia de sí misma y de las personas que la rodean, muchas veces dolorosamente, pero siempre con una honestidad entrañable. Olive Kitteridge es un magnífico retablo de vidas. Elizabeth Strout describe con una gran precisión psicológica los desmanes de la condición humana.

OPINIONES:
“Olive Kitteridge” es la novela con la que Elizabeth Strout ganó el Premio Pulitzer 2009 y en mi opinión, bien ganado. Me ha encantado esta obra, compuesta por trece historias que se desarrollan en un pueblo costero de Estados Unidos, donde todos los vecinos se “conocen”, pero ninguno sabe los secretos que encierran sus aparentemente cotidianas vidas. El nexo de unión de las historias, y a veces ni eso, es Olive Kitteridge; una mujer negativa, seca y amargada, incapaz de tener una palabra amable para nadie, ni siquiera para su propia familia, y cuyo oscuro temperamento, a quien más hace sufrir es a sí misma. Mientras transcurre su patética vida, la autora va desgranando a su alrededor, emotivas y a veces duras historias de amor y desamor, infidelidad, crimen, pasión, dolor, ternura…que irán ayudando a Olive, a su pesar, a conocerse y humanizarse, hasta llegar a percibir finalmente un atisbo de esperanza.  Me ha gustado muchísimo el estilo narrativo y la maestría con que la autora disecciona las diferentes y a menudo complejas personalidades de los variopintos personajes cuyos secretos y pasiones van conformando esta magnífica novela.
Yolanda Castilla Galdos

He leído “Olive Kitteridge”, de Elizabeth Strout.
Es una obra que tenía desde hace tiempo en la lista de pendientes, sabía que había sido una obra galardonada (Premio Pulitzer 2009) y poco más.
La historia nos lleva a un pequeño pueblo costero del Estado de Maine, en Estados Unidos (costa noreste), y relata la existencia de diversos habitantes de la región. La trama se centra sobre todo en la familia formada por el matrimonio Kitteridge, Henry, Olive y su hijo Christopher.
Henry es el dueño de la farmacia del pueblo y es de carácter afable, siempre con una sonrisa o con su buena disposición, mientras Olive es profesora de matemáticas, es gruñona y temperamental.
La vida de los vecinos del pueblo y de la familia Kitteridge trascurre con relativa normalidad, sin embargo, a medida que se va avanzando en la lectura se conocen detalles donde se evidencia que, cada uno, a su manera, sufre carencias emocionales/afectivas, con la consecuente carga vital.
Me ha gustado la forma de narrar, sin descripciones vanas. A eso ayuda la franqueza de los protagonistas que revelan, más tarde o más temprano, sus sentimientos u opiniones, sin caer en la ñoñería. En este sentido, Olive es la persona más directa y franca, conocedora de muchos de los entresijos del pueblo por su oficio, no duda en aseverar sobre todo el mundo.
La trama no es lineal, hay que leer todo la novela para juntar las piezas del puzle y poder así juzgar quién es Olive. Quizá sea un poco peculiar el estilo pero a mí me ha gustado y la recomiendo.
Por último, no podía dejar de mencionar la miniserie de 4 capítulos, producida por la HBO y con Frances McDormand en el papel de Olive. Es una serie que respeta la esencia del libro y las interpretaciones son notables, así que el resultado es muy bueno ¡No os la perdáis!
Dolors Martínez

Hace unos días, terminé de leer Olive Kitteridge de Elizabeth Strout, premio Pulitzer de 2009, y he de decir que, cuando terminé de leerla, tuve la sensación de haber sido expulsada de los lugares de la ficción por los que había transitado con enorme placer y en donde me había sentido tan cómoda que al final creí que me había convertido en uno de sus personajes. Salir afuera, a otras lecturas, me suponía tanto esfuerzo que decidí colarme en ella por segunda vez.
Y es que con la prosa de esa autora sucede al igual que con la POESÍA: no se agota porque, más allá de las anécdotas que nos va narrando de los personajes que viven en esa comunidad, existe el enorme caudal de lo NO DICHO, lo no expresado, sólo visible en tímidos apuntes del narrador: “Mientras regresaba despacio a casa por las estrechas carreteras, le parecía que la oscuridad se pegaba siniestramente a las ventanilla como si estuviera viva” o “sintió alivio, que se le manifestó como una sensación bajo las costillas, como agua lamiendo suavemente la orilla en bajamar, como una reconfortante inquietud” y que me revela, al menos a mí, la complejidad de la situación o del personaje pero que, a veces, en el fragor de la lectura paso por alto y por eso creo que merecía un segundo abordaje.
La novela se desarrolla en un pequeño pueblo de la costa este de Estados Unidos a partir de las vivencias, algunas cercanas y otras más alejadas, de la protagonista de la obra, Olive Kitteridge, profesora de matemáticas de un instituto de educación secundaria, mujer de fortísima personalidad y gran conocedora de su pueblo. La gran habilidad en el manejo del tiempo nos permite asistir al devenir de unas vidas, sobre todo a la de ella en su camino hacia la SOLEDAD.
Les animo a que la lean ¡vale la pena!
Ana Ballester

"Que Tony Kuzio hizo algunas visitas a Denise. Que ella le dijo a Tony que debía seguir casado, porque, si se divorciaba, ya no podría volver a casarse nunca por la iglesia.
El desgarro de los celos y la cólera que sentía al pensar en Tony sentado en el pisito de Denise por la noche, suplicándole que lo perdonara.
La sensación de estar ahogándose en telarañas cuyo pegajoso laberinto giraba rápidamente a su alrededor.
Que quería que Denise continuara amándolo.
Y ella lo hizo. Lo vio en sus ojos cuando se le cayó una manopla roja y él se la recogió y se la abrió para que metiera la mano. «Me paso el día hablando mentalmente contigo».
El dolor era agudo, intenso, insoportable.
—Denise —dijo una tarde mientras cerraban la farmacia—, necesitas amigos. Ella se ruborizó. Se puso el abrigo con una cierta brusquedad en los gestos.
—Tengo amigos —dijo, de forma entrecortada.
—Claro. Pero aquí, en el pueblo. —Esperó junto a la puerta mientras ella iba a buscar el bolso a la trastienda—. Podrías ir al centro social a bailar cuadrillas. Olive y yo fuimos. Son gente muy agradable".

Esta bella obra de trece historias conformando la historia de la vida de OLIVE KITTERIDGE (2008), ganó el premio Pulitzer 2009.
Con ella conocí a su autora Elizabeth Strout (1956 Portland, Maine, EU) y me tiene muy entusiasmada.
Los trece relatos van narrando, con detalles tiernos o terribles, cotidianos, en un lenguaje amable y sencillo, colorido, escenas importantes de las vidas de los habitantes de Crosby, un pueblo costero, donde a veces no todo es tan apacible como aparenta.
Aunque OLIVE KITTERIDGE, una profesora de matemáticas mal humorada, quien está un poco obesa y a quien le gusta comer donuts, aparece en todos los cuentos, no siempre es ella la protagonista, pero sus apariciones son de importancia para ir descubriendo su verdadero carácter, sus sufrimientos existenciales, sus secretos amores, sus traumas, sus angustias genéticas, sus gustos, anhelos y su gran generosidad disimulada.
Porque no son relatos superficiales ... revelan muchos aspectos del alma humana en cada cuento, a medida que van desfilando los habitantes del poblado. Y que forma más amena e intimista de relatar. Su estilo es detallista, pictórico, casi fílmico; y de los personajes, entrañables, nos hacemos amigos y sufrimos y disfrutamos con sus vivencias.
Los relatos abarcan un espacio de tiempo desde la juventud hasta la madurez, retiro y viudez de Olivia, contando episodios de su vida alrededor de cada protagonista de los trece relatos, armando el puzzle biográfico de Olive.
Me ha encantado y lo recomiendo con cariño.

"Detrás de ella, oyó que abrían la puerta, notó el frío momentáneo, vio que los espumillones del árbol oscilaban y oyó la fuerte voz de Olive Kitteridge, diciendo:
—Qué fastidio. Con lo que me gusta el frío.
Cuando los Kitteridge acudían solos, tendían a llegar temprano y no se sentaban antes en el salón de copas, sino que iban directamente al comedor. Aun así, Henry siempre decía «Buenas tardes, Angie», sonriéndole con afabilidad al pasar, y Olive la saludaba levantando la mano por encima de la cabeza. La canción favorita de Henry era «Good night, Irene» y Angie iba a intentar acordarse de tocarla más tarde, cuando los Kitteridge volvieran a pasar de camino a la puerta.
Muchas personas tenían canciones favoritas y Angie las tocaba a veces, pero no siempre.
Henry Kitteridge era distinto. Siempre tocaba su canción porque, cada vez que lo veía, era como entrar en una cámara de aire cálido.
Esa noche, Angie se sentía insegura. Últimamente había noches en que el vodka no hacía lo que llevaba tantos años haciendo, que era alegrarla y conseguir que todo pareciera gratamente distante.
Esa noche, como ahora le ocurría en ocasiones, se notaba la cabeza un poco extraña, descentrada. Se aseguró de seguir sonriendo y no miró a nadie salvo a Walter Dalton, que estaba sentado al final de la barra. Él le mandó un beso. Ella le guiñó el ojo, un gesto levísimo; habría parecido un pestañeo de no haberlo hecho con un solo ojo. Hubo una época en que a Malcolm Moody le encantaba verla pestañear de esa forma. «Dios, cómo me pones», decía las tardes que iba a su habitación de Wood Street. A Malcom no le caía bien Walter Dalton y cuando se refería a él lo llamaba marica, que lo era. Walter también era alcohólico, y la universidad lo había echado, y ahora vivía en una casa en Coombs Island. Iba al bar todas las noches que Angie tocaba. A veces, le llevaba un regalo: un pañuelo de seda en una ocasión, un par de guantes de piel con botones minúsculos en el lado. Siempre daba a Joe las llaves de su coche y, luego, después de cerrar, Joe a menudo lo llevaba a casa, con uno de los ayudantes de camarero conduciendo su coche para traerlo de vuelta. «Qué vida tan patética —había dicho Malcolm a Angie, acerca de Walter—. Pasarse las noches ahí sentado, emborrachándose». A Angie no le gustaba que llamaran patético a nadie, pero no dijo nada. A veces, no a menudo, Angie pensaba que la gente consideraría patética su vida con Malcolm".
Lucila Argüello
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