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14 de enero de 2020

"La casa intacta", de Willem Frederik Hermans

la casa intacta willem frederik hermans
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Catalina Ginard Féron
Editorial: Gatopardo

SINOPSIS:
Europa del Este, 1944. Un soldado holandés que lucha con un grupo de partisanos se refugia en una casa señorial durante un cese de hostilidades. La casa está casi intacta, ajena a los estragos de la batalla, y el partisano se instala en ella como si la guerra nunca hubiese tenido lugar: se baña, se viste con la ropa que encuentra en el armario, come algunos restos de comida. Cuando las fuerzas alemanas recuperan la plaza y unos soldados nazis llaman a la puerta, él decide hacerse pasar por el propietario de la casa. Pero ¿cómo se las arreglará para mantener el engaño?
La casa intacta es un clásico de la novela corta que, cuando se publicó en 1951, causó una enorme repercusión en la sociedad holandesa de la época, en los tiempos en que prevalecía el discurso de la heroica resistencia antinazi, donde se muestra —sin distinción de bandos— cómo la brutalidad de la guerra puede acabar con cualquier pátina de civilización.

OPINIÓN:
He leído LA CASA INTACTA del escritor holandés Willem Frederik Hermans.
Se trata de una corta pero rotunda novela, que se desarrolla en las postrimerías de la segunda guerra mundial, en un ambiente un tanto surrealista y que con un protagonista peculiar y ciertas dosis de intriga no exenta de violencia, resulta una contundente y demoledora denuncia de la crueldad y el sinsentido de la guerra. De todas las guerras.
Yolanda Castilla Galdos

16 de octubre de 2018

"Goethe en Dachau", de Nico Rost

Goethe en Dachau Nico Rost
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Nuria Molines Galarza
Editorial: ContraEscritura

SINOPSIS: 
Rost entró en Dachau con un absceso en la pierna por lo que ingresó directamente en la enfermería. Allí leyó a Goethe, los hermanos Friedrich y August von Schlegel, Hölderlin y Schopenhauer. También a Rousseau, Silvio Pellico, Franz Grillparzer, August Strindberg y Jean Racine. Habló con el senador belga Herman Bernard Wiardi Beckman, el publicista Gijs van Munster y los príncipes Federico Leopoldo de Prusia y Javier de Borbón-Parma. Escribió “que muchas de esas notas no fueran escritas de la manera en la que aquí se publican, sino sólo con inteligibles palabras en clave, no precisa de explicación ulterior. Es incluso menos necesario recordar que llevar este diario bajo las condiciones dadas era una tarea arriesgada que sólo se pudo llevar a cabo con la ayuda de algunos amigos”.
"Goethe en Dachau" es un diario pero se aleja de otros testimonios del sistema concentracionario nazi en tanto que se centra en recoger las discusiones y reflexiones filosóficas, políticas,… convirtiéndose en ejemplo de cómo la cultura puede salvar a un hombre del infierno que le rodea.
Además, el impresionante prólogo de "Goethe en Dachau" es obra de su amiga y escritora Anna Seghers. Esta primera edición en castellano ha sido enriquecida con un prólogo de Rosa Toran, notas de traducción y edición, dos anexos, un plano, un glosario y alguna sorpresa final.

OPINIÓN:
Un campo de concentración en Dachau con todo lo que conlleva: hambre, enfermedad, experimentos médicos más propios de mentes perturbadas que científicas, hacinamiento, muerte… Nico Rost tiene claro desde el principio cuál es la manera, dentro de sus posibilidades, hasta que lleguen los aliados, de derrotar al enemigo: sobrevivir para contarlo. Y lo hace a través de la única arma de que dispone: la cultura. Porque sí, había bibliotecas en los campos de concentración.
Un relato en forma de diario distinto a casi todo lo escrito sobre el tema, en el que Rost plasma sus días desde el 10 de junio de 1944 hasta el 30 de abril de 1945, intentando dejar a un lado (no siempre es posible, es un ser humano) todo el horror y la podredumbre para centrarse en sus lecturas (Goethe, Stendhal, Schiller, Hölderlin…), sus reflexiones y sus conversaciones con otros presos. El propio Rost aclara en un punto intermedio del libro que, por supuesto, pasó hambre, fiebres, miedo y fue torturado, pero no es de eso de lo que quiere dejar constancia.
La obra se cierra con un maravilloso epílogo donde el autor narra su regreso al campo de Dachau diez años después de su liberación y, para su sorpresa, comprueba cómo las autoridades (Hitler ya no está, pero sus alcaldes sí) hacen todo lo posible para borrar las huellas de lo sucedido y vender el relato de que los hechos se exageraron.
Traducido por Núria Molines, tercera joya de Contraescritura que cae en mis manos este año, tras ‘Yo le pinté el bigote a Stalin’, de Erika Riemann, y ‘Reportajes antifascistas’, del propio Rost.

2 de agosto de 2018

"Las diez mil cosas", de Maria Dermoût

Las diez mil cosas Maria Dermoût
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Rafael Váquez Zamora
Editorial: Libros del Asteroide

SINOPSIS:
Las diez mil cosas es una novela que puede leerse como una antología de relatos. En la primera mitad del siglo XX, en una isla del archipiélago de las Molucas, se conservan ya pocos de los antiguos jardines de especias, en uno de ellos vive Felicia «la dama del Pequeño Jardín», última descendiente de una familia holandesa propietaria de plantaciones de nuez moscada. Toda su familia ha muerto hace ya tiempo, y aunque en apariencia no le queda nada, Felicia vive rodeada por la presencia de un sinfín de cosas: su casa, el bosque, el mar, los aromas de la isla, sus recuerdos y fantasías… Leyendas e historias reales que terminan trágicamente se entrecruzan en un lugar donde la pena y el dolor no logran alterar el equilibrio natural de la existencia, y donde el pasado tiene tanta fuerza como el presente. Publicada por primera vez en Holanda en 1955, Las diez mil cosas fue reconocida inmediatamente como una obra mágica sin parangón en la literatura occidental. Una visión arrebatada de un mundo tan real e íntimo como exótico; un libro que es, a la vez, un lamento y un canto a la naturaleza y a la vida.

OPINIÓN:
Ambientado en una de las Islas de las Especias, en Indonesia, a principios del siglo XX, el libro se compone de una serie de relatos que aunque diferenciados pueden ser considerados en conjunto, por los personajes y elementos comunes que sirven de ligazón entre ellos. En el más extenso, “El Pequeño Jardín”, conocemos a Felicia, que regresa y se instala allí con su hijo pequeño. Son páginas plagadas de recuerdos, melancolía y la belleza que transmiten los paisajes y la naturaleza descrita (que imagino paradisíaca). También destacan “El comisario”, “Constance y el marinero” y “El catedrático”, tres relatos más cortos cuya lectura atrapa. La primera mitad del libro se me ha hecho un poco larga, con la historia del jardín y de Himpies, el hijo de la señora del Pequeño Jardín; pero el resto de los relatos han resultado una sorpresa muy grata que ha compensado con creces la lectura.
Este libro está considerado un clásico de la literatura holandesa y probablemente su autora lo escribió en recuerdo y homenaje al lugar que la vio nacer, crecer y donde pasó buena parte de su vida, en la época de las colonias. Escrito con una prosa sencilla y evocadora que la hacen una lectura placentera, destacaría además la ambientación, muy buena, y ese toque de magia y misterio que envuelve a las historias. También me ha gustado mucho el desenlace del libro, que cierra el círculo y en el que se produce el reencuentro entre los personajes ausentes de los distintos relatos. En resumen, y según mi opinión, sin ser ninguna joya literaria es una lectura agradable y recomendable.
Esther Rodríguez

4 de junio de 2018

"Reportajes antifascistas", de Nico Rost

Reportajes antifascistas Nico Rost
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Ronald Brouwer
Editorial: ContraEscritura

SINOPSIS: 
Primera compilación en español de tres de los reportajes más relevantes de Nico Rost. Reportajes antifascistas recupera “Un campo de concentración en el Tercer Reich. La fábrica de cerveza de Oranienburg” (1933), “Desde el frente libertario español. Un reportaje” (1937) y “Los amigos de mi padre. Recuerdos de la Folkingestrat” (1955).

OPINIÓN:
Nico Rost es un autor que se convierte en amigo durante la lectura y lo echamos de menos cada vez que cerramos el libro. Es periodista y escribe para el lector, sin rodeos, sin irse por las ramas con monólogos interiores de ornamento y/o lucimiento, sino de manera directa y concisa, describiendo lo que ve, lo que escucha y ciñendo su opinión, de tanto en tanto, a pequeñas reflexiones que invitan al lector a hacer lo propio.
Esta naturalidad en las formas consigue que el lector camine a su lado, sienta el miedo y la rabia dentro de los muros de Oranienburg, espere nervioso la caída del obús mientras charla con los italianos que cambiaron de bando al saberse engañados por el fascismo, y se emocione con el sonido del shofar en la sinagoga.
En orden cronológico, el primer reportaje nos muestra un Rost joven que rezuma ideales por los cuatro costados y admite su ideología comunista sabiendo que le costará acabar tras los muros de un campo de concentración (que ya los había en 1933).
El segundo es una suerte de diario desde la España republicana en 1937, un reportaje que critica el tratamiento que los medios internacionales dieron al conflicto y tumba el manido discurso de ‘se cometieron atrocidades en ambos bandos’. Además encontramos entrevistas muy reveladoras donde descubrimos los motivos de filiación de los fascistas alemanes e italianos. 
En el tercero el autor relata sus recuerdos de infancia y su buena relación con la comunidad judía, para terminar denunciando el olvido y la desprotección que sufrió dicha comunidad mientras el resto miraba para otro lado.

Un autor fundamental que ha tardado mucho en ser traducido al castellano (¿porque no interesaba?), y que por fin podemos disfrutar gracias a Contraescritura. Próxima parada: ‘Goethe en Dachau’.
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