1 de octubre de 2015

"El librero de París y la princesa rusa", de Mary Ann Clark Bremer

El librero de París y la princesa rusa Mary Ann Clark Bremer
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Hugo Bachelli
Editorial: Periférica

SINOPSIS:
París, a comienzos de los años 60; donde se encuentran una noble de origen ruso alejada de su familia y un elegante librero del barrio judío, del Marais. Ninguno de los dos es joven ya, pero tampoco lo son los libros que ambos aman. ¿Ficción o realidad? Lo cierto es que, en esta ocasión, no importa la respuesta, a pesar de que el virtuosismo de la narradora nos hace creer todo el tiempo que estamos ante un fragmento de realidad, de su propia vida, un capítulo más de su existencia. Por encima de cualquier intento de verosimilitud, la verdad, una suerte de verdad que resulta atemporal según avanzamos en la lectura, y que nos lleva incluso hasta el pasado más remoto, se impone en cada página de esta extraordinaria novela corta. Como el amor al misterio y a la belleza, a toda clase de belleza.

He aquí un fragmento de la novela: «Lo más seguro es que estábamos enfrascadas en una de aquellas conversaciones nuestras sobre caderas anchas o estrechas, poetas revolucionarios y contrarrevolucionarios de la vieja Francia o, tal vez, la estúpida guerra fría entre Rusia y mi país, cuando entró en el restaurante —quedaban siete días para la desaparición de la Princesa— el Librero con un pequeño paquete en las manos».

OPINIÓN:
Tomad asiento en un pequeño velador parisino, pedid un café y acompañadlo con este exquisito y dulce bocado de apenas cincuenta y nueve páginas con el que nos deleita, una vez más, Periférica.
Este evocador relato nos insinúa, más que cuenta, la historia de amor entre una noble exiliada rusa y un librero anticuario del barrio judío del Marais en París, cuyo vínculo de unión es la pasión por los libros antiguos del S. XVIII francés. Apenas hay palabras entre ellos, pero sí el tacto de la piel de una encuadernación singular, la inclinación de una tipografía añorada, o el olor a madera lejana entre unos folios por abrir.
El encanto del polvo depositado en los volúmenes hace que nos olvidemos de que esta “delicatessen” de prosa sobria y elegante pertenece a las memorias que la autora decidió escribir de forma novelada (de hecho su título original es “Notebooks II. People, Scenes I. Es de suponer que la editorial, con buen tino, decidió rebautizarlo para darlo a conocer al público).
¿Ficción o realidad? Da igual, mientras podamos volver a entrar en la casa de la princesa y recorrer con las yemas de los dedos los lomos de aquella colección de libros “que formaban un solo texto, un memorial” de lo que fue o no.
Lo recomiendo vivamente para melancólicos amantes de libros de piel arrugada y manchas de solera, para los que han (hemos) deambulado por el Marais, y para los soñadores que no hemos cerrado el libro y seguimos escribiendo la historia. 

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