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1 de noviembre de 2020

"La puerta", de Margaret Atwood

la puerta margaret atwood
FICHA TÉCNICA:
Género: Poesía
Traducción: Pilar Somacarrera Íñigo
Editorial: Bruguera

SINOPSIS: 
Margaret Atwood, más conocida como novelista que como poeta, ha publicado más de una veintena de poemarios por los que está considerada una de los poetas mayores de la literatura anglosajona actual. La puerta, su obra poética más reciente, es un apasio- nante recorrido por sus vivencias personales, desde la infancia hasta la madurez.

OPINIÓN:
La prosa de Margaret Atwood ya me tiene encandilada, pero, hasta el momento, no había tenido ocasión de leer algunas de sus poesías. De hecho, desconocía el gran reconocimiento del que goza su obra poética: a pesar de que es más conocida por sus excelentes novelas, es considerada una de las mejores representantes de la poesía anglosajona contemporánea.
Este poemario, “La puerta”, aborda temas muy diversos, como aspectos cotidianos, los animales o la propia poesía, entre muchos otros. Hay que contar con un gran talento para crear una hermosa poesía sobre algo tan aparentemente anodino como un hotel, o un palacio de hielo, como ella lo denomina. También incluye poemas muy personales, como “Mi madre se marchita...”, que se centra en los últimos momentos de vida de su propia madre.
Quien disfrute de la prosa de Margaret Atwood no debería dejar pasar la oportunidad de leer su poesía. Merece mucho la pena.
Ana Rayas

17 de julio de 2020

"El asesino ciego", de Margaret Atwood

el asesino ciego margaret atwood
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Dolors Udina Abelló
Editorial: Zeta

SINOPSIS:
Avilion, una mansión familiar convertida en símbolo de una época perdida. Un matrimonio movido por la codicia. Un amor clandestino y una pasión irrenunciable. El estallido de la guerra. Iris Chase, ya anciana, invoca el pasado con la distancia y el escepticismo de quien no tiene nada que perder. Su mirada lúcida e irónica se pasea por los salones poblados de sedas, gasas y plumas de avestruz. Contempla las huelgas, los cierres de fábricas y el idealismo de los jóvenes comunistas; los viajes en lujosos transatlánticos y los encuentros en sórdidas pensiones. Y al recordar, arranca máscaras, descubre la relación que la unía con su hermana Laura y los hechos que marcaron el destino de ésta, observa las consecuencias de sus actos de juventud y busca, sobre todo busca, justicia, desvelar la verdad y con ella encontrar el amor y el perdón.

OPINIÓN:
“El asesino ciego” refleja una época de la que solo quedan los recuerdos. Su protagonista, una Iris Chase ya anciana, hace memoria de la que ha sido su vida. Su infancia en Port Ticonderonga en una familia acomodada. Su matrimonio con un empresario y la vida llena de privilegios que supuso. Su difícil relación con su hermana pequeña, Laura, que murió en su juventud y cuyo libro se publicaría de manera póstuma.
La prosa de Atwood es excelente y sus historias están llenas de ingenio. “El asesino ciego” no es una excepción. La novela se compone, por un lado, de los recuerdos de Iris acerca de su infancia y su juventud, y por otro lado, fragmentos de la novela de Laura – “El asesino ciego” – y antiguos artículos de prensa referidos a la adinerada familia. Destaca el contraste entre esa antigua vida – lujosa pero no necesariamente feliz – y la sencillez con la que Iris vive en los últimos años de su vida.
“El asesino ciego” es una novela magnífica, profunda y absorbente. Una maravilla.
Ana Rayas

1 de diciembre de 2019

"Los testamentos", de Margaret Atwood

los testamentos margaret atwood
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Eugenia Vázquez Nacarino
Editorial: Salamandra

SINOPSIS:
Obra maestra de la literatura distópica, El cuento de la criada se ha convertido en un clásico moderno. Tres décadas más tarde, Margaret Atwood recupera su icónico mundo y lo lleva hasta un final dramático en esta impresionante secuela.
Quince años después de los acontecimientos narrados en El cuento de la criada, el régimen teocrático de la República de Gilead se mantiene en pie, pero está empezando a mostrar signos de descomposición. En este momento crucial, las vidas de tres mujeres radicalmente diferentes convergen, con resultados explosivos. Dos de ellas han crecido en lados opuestos de la frontera: una en Gilead, como la hija privilegiada de un importante Comandante, y otra en Canadá, donde se manifiesta en contra del régimen mientras sigue por televisión las noticias de los horrores que allí acontecen. Ambas pertenecen a la primera generación que va a alcanzar la mayoría de edad desde que existe el nuevo orden, y sus testimonios están trenzados con una tercera voz: la de una de las mujeres más influyentes del sistema, que mueve los hilos del poder de manera despiadada. Sus caminos acabarán por encontrarse, forzando a cada una de ellas a colaborar, a enfrentarse consigo mismas y a decidir dónde pondrán los límites en la lucha por sus ideales.
A medida que desarrolla estas tres voces, Margaret Atwood profundiza en los recovecos más recónditos de Gilead, y logra, gracias a su virtuosa capacidad para recrear un mundo nuevo, que Los testamentos sea una mezcla triunfal de suspense e ingenio.

OPINIONES:
“El cuento de la criada”, escrita más de treinta años antes que su secuela, “Los testamentos”, es una obra de género distópico ambientada en la denominada República de Gilead, un estado teocrático y totalitario en el que los derechos de las personas están muy limitados, en especial los de las mujeres. Es en las “criadas”, mujeres destinadas exclusivamente a la procreación, y en especial en las vivencias de una de ellas, en las que se centra la historia de esa primera novela.
La estructura y planteamiento de “Los testamentos” es distinta y me parece bastante original. Aquí tenemos tres narradoras, que a modo de diario o confesiones (de ahí los testamentos), describen su vida en relación a Gilead y nos dan cada una de ellas su visión personal y única. Por un lado tenemos a Agnes Jemina, una joven, hija de un Comandante y su esposa, que ha crecido en Gilead. En contraposición, Daisy es una adolescente, pero que vive en Canadá, al norte de Gilead. Y como testimonio excepcional está el de Tía Lydia, que vive en Casa Ardua con el resto de Tías, y que es la mujer más poderosa de Gilead.
No entraré en detalles sobre la trama, porque vale la pena dejarse atrapar por ella e ir desentrañándola. Sin desvelar nada, diré que los tres testimonios permiten a la autora acabar de perfilar todo aquello que no conocíamos de Gilead. Las tres voces me han parecido interesantes, pero en mi opinión la de Tía Lydia es soberbia y la más lograda, aunque también es el personaje más complicado. A pesar de lo terrorífico de la historia, de Gilead en sí, sobre todo de la situación de las mujeres, me da la sensación de que en esta novela no destaca tanto el aspecto distópico, porque ya lo tenemos asimilado; fue en “El cuento de la criada” donde el lector recibió el impacto de la sorpresa.
Si hay que buscarle algún pero, hay circunstancias o coincidencias que se dan que me han parecido un poco inverosímiles, y el desenlace es algo precipitado y acaso demasiado redondo. Curiosamente, el ritmo se incrementa en los últimos capítulos y parece casi una historia de intriga.
Supongo que es inevitable comparar las dos novelas. Por lo que recuerdo de la primera, el estilo es un poco distinto. En “El cuento de la criada” la narrativa es predominantemente descriptiva; “Los testamentos” me parece más sencilla, ágil y fluida, y quizá de menor profundidad. En cuanto a la temática, las criadas aquí ya no son las protagonistas, se centra sobre todo en las hijas de Comandantes, en las Tías y en la visión exterior sobre Gilead. Ambos libros se complementan perfectamente, aunque personalmente pienso que es preferible leerlos en orden cronológico para entrar realmente en la distopía.
Creo que era un reto para la autora escribir este libro, sobre todo después de la grabación de la serie basada en "El cuento de la criada", y, en mi opinión, lo ha logrado sobradamente. Me ha gustado mucho, es una lectura absorbente y muy entretenida, y sin duda la recomiendo.
Esther Rodríguez

Por fin he tenido ocasión de ponerme con la lectura de “Los testamentos”, secuela de “El cuento de la criada”, distopía de Margaret Atwood que me impacto muchísimo. La trama de “Los testamentos” tiene lugar quince años después de los hechos acontecidos en su predecesora, momento en el que la República de Gilead empieza a mostrar signos de decadencia.
La novela se articula en torno al testimonio de tres mujeres muy diferentes, que nos ofrecen distintas perspectivas acerca de Gilead. Dos de ellas son muchachas que han crecido en lados opuestos de la frontera: una en Canadá y otra en Gilead. Así pues, han recibido educaciones muy diferentes, lo que se refleja en su manera de pensar y en sus perspectivas de futuro. La tercera de las mujeres tiene un cargo de responsabilidad en la República de Gilead, y posee un conocimiento muy amplio de todos los recovecos y miserias del sistema.
Dada esta diversidad de perspectivas, “Los testamentos” aporta una visión más amplia de Gilead de la que podía ofrecernos “El cuento de la criada”, más centrada en los hechos que constituían la trama. Así, nos ayuda a rellenar los posibles huecos que nos dejara la lectura y a tener una visión más profunda.
Por todo ello, considero que ambas lecturas se complementan, y no puedo dejar de recomendar “Los testamentos” a quienes leyeron con el mismo interés que yo “El cuento de la criada”. Atwood continúa valiéndose de una prosa clara y directa, que hace que la lectura sea ágil y apasionante. Ambas obras son imprescindibles.
Ana Rayas

17 de septiembre de 2017

"El cuento de la criada", de Margaret Atwood

El cuento de la criada Margaret Atwood
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Elsa Mateo Blanco 
Editorial: Salamandra

SINOPSIS: 
Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. Esta trama, inquietante y oscura, que bien podría encontrarse en cualquier obra actual, pertenece en realidad a esta novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta, en la que la afamada autora canadiense anticipó con llamativa premonición una amenaza latente en el mundo de hoy.
En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo.
Los peligros inherentes a mezclar religión y política; el empeño de todo poder absoluto en someter a las mujeres como paso conducente a sojuzgar a toda la población; la fuerza incontenible del deseo como elemento transgresor: son tan sólo una muestra de los temas que aborda este relato desgarrador, aderezado con el sutil sarcasmo que constituye la seña de identidad de Margaret Atwood. Una escritora universal que, con el paso del tiempo, no deja de asombrarnos con la lucidez de sus ideas y la potencia de su prosa. 

OPINIONES: 
Fue la lectura de abril de 2018 en el Club de Lectura.

He leído “El cuento de la criada” una novela que la escritora Margaret Atwood publicó en 1985, pero que se puso de moda al estrenarse este año en televisión una serie basada en la misma.
Se trata de una distopía narrada en primera persona por la protagonista, un personaje un tanto opaco, con quien no he sentido ninguna empatía; en realidad, no he sentido empatía con ninguno de los escasos personajes que pululan por la trama; una historia con tintes políticos y cierta crítica social, a la que también hay quien tilda de feminista, que no ha conseguido engancharme en absoluto. 
En una época indefinida y en medio de un ambiente claustrofóbico y gris, se desarrolla una trama inverosímil (incluso para una distopía) en la que los escasos y poco interesantes personajes, incluida la protagonista, están despersonalizados al igual que la propia historia, que adolece de concreción, de definición y de diálogos inteligentes, por lo que la novela en general me ha resultado absurda y no me ha gustado nada. 
Yolanda Castilla Galdos

Es la primera novela que leo de Margaret Atwood. En ella se recrea un estado totalitario y represivo que controla cualquier aspecto de la sociedad, y en el que los derechos están muy limitados, especialmente los de las mujeres. La autora describe la vida de las “criadas”, mujeres fértiles apreciadas únicamente por su capacidad reproductora. El texto se centra y está narrado en primera persona por la protagonista, una de estas criadas –en mi opinión bien podrían ser llamadas siervas o esclavas–, a la que conocemos como Defred. 
En buena parte del libro la narración es descriptiva, algo necesario para situarnos en el contexto. Se intercalan, en el día a día que vive la protagonista, sus reflexiones y recuerdos del pasado, lo que hace que poco a poco empatices con ella y quieras saber más. 
Personalmente me ha interesado leer cómo casi de la noche a la mañana desaparece un tipo de estado, no ideal pero en el que se presupone que existe cierta libertad, y se impone un totalitarismo en el que las libertades son casi inexistentes. También me parece interesante el concepto de “ficción especulativa” que usa la autora para catalogar su novela, en el que incluye su intención de no escribir ciencia ficción pura, sino que todo lo que aparezca en ella haya sucedido ya de algún modo en la historia. En ese sentido creo que es una distopía verosímil y factible, lo que hace reflexionar al lector profundamente –al menos ese ha sido mi caso–. Destacaría asimismo la atmósfera asfixiante que se logra y el epílogo final, absolutamente genial.
En resumen, diría que es una historia dura –espeluznante por momentos– pero fácil de leer y bien construida. Como lectura es adictiva, amena y muy recomendable. Me ha gustado mucho. 
Esther Rodríguez

Me gustó mucho, pero entiendo que la obra pueda no ser del agrado de todos.
Si bien es cierto que el libro aborda puntos que podrían considerarse como lugares comunes, como el servilismo, la depravación, el fanatismo, el sobre consumo y la contaminación, tenemos que recordarnos que se escribió en 1985, y que nada ha cambiado, al contrario.
Los peligrosos están cada vez más cerca.
Como la mayoría de las distopías que he leído, tiene una visión poco optimista del género humano y nos advierte sobre nuestras propias debilidades.
“La humanidad es muy adaptable, decía mi madre. Es realmente sorprendente la cantidad de cosas a las que puede acostumbrarse la gente siempre que exista alguna compensación” (cap 40). 
El carácter esencial de la obra, que lo repito, para mí, tendría que ser de lectura imprescindible en colegios, es obligarnos a observar nuestro propio reflejo y nuestra propia pasividad hacia los eventos que vivimos. 
Caemos en cierto letargo, las peores exacciones se vuelven banales, el noticiero cada día nos inunda de noticias alarmantes y solo unas cuantas Moira se elevan para protestar en el nombre de todos.
El final de la novela podría dejarnos perplejos si no fuese por este magnífico epílogo que nos da esperanza sobre el futuro de la población de Gilead. Además, cada lector es libre de imaginar cual fue la suerte de Defred al salir de allí. Cada quien puede decidir si se reunió con Luke, si logró reunirse con su hija, si fue feliz, si volvió a reorganizar su vida después de tanto traumas, si su cuento sirvió para acabar con este régimen de infamia.
La autora no nos da ninguna respuesta, solo nos permite cuestionarnos. 
Caroline Sakaël

A pesar de que las distopías no entran en el campo de mis preferencias pues bastante tengo con la irracionalidad que destila la prensa a diario, sí que me ha valido la pena acercarme a la obra de tan excelente escritora.
Sé que el posible rechazo a su lectura viene originado por la crudeza de la situación narrada la cual NO percibimos del todo como IRREAL pues olfateamos en los vientos del presente que estas situaciones de poder teocrático y totalitario van manifestándose en nuestras democracias a pasos agigantados. También sucede y ha sucedido en otros países, aunque con otros disfraces, sin olvidar que el libro está inspirado, según confesión propia, en el régimen de la República Democrática Alemana de aquellos días.
Lo primero que me llamó la atención es la precisión de la autora en torno al término FEMINISTA en la edición de 2017: "¿El cuento de la criada es una novela feminista? Si eso quiere decir un tratado ideológico en el que todas las mujeres y/o están victimizadas en tal medida que han perdido la capacidad de elegir moralmente, NO. Si quiere decir una novela en la que las mujeres son seres humanos—con toda la variedad de personalidades y comportamientos que eso implica- y además son interesantes e importantes y lo que les ocurre es crucial para el asunto, la estructura y la trama del libro… Entonces SÍ. En este sentido, muchos libros son feministas”.
Pero SÍ hay que reconocer que esta obra es la primera distopía escrita por una mujer con una protagonista femenina cuyo cometido en la nueva sociedad se verá limitado a una sola actividad: LA REPRODUCCIÓN. Esta nueva sociedad es CONSECUENCIA de una serie de situaciones extremas que afectaron a la supervivencia del ser humano (baja natalidad, desastre nuclear, destrucción de recursos), al contrario de otras utopías en las que no hay referencias a las formas de vida de tiempos anteriores.
Observo en la novela tres momentos: el primero, a partir de un yo narrativo, DESCRIBE el gélido mundo que le rodea en donde ella es una presencia fantasmal absorbida por las rígidas leyes de su entorno cuya función es la anulación -en su caso y en la de sus iguales- de las múltiples facetas que en la sociedad podemos desempeñar, y su sometimiento a un único significado y propósito: el de anónimas reproductoras. Este vacío empieza pronto a ser contrarrestado por los recuerdos de su pasado que aunque no ideal era “su vida”. La alternancia entre el pasado tan cercano y el asfixiante y aterrador presente es lo que hace que me resulte tan estremecedora la novela.
En el segundo, asistimos a la parte ACTIVA de la narración: las grietas del mundo de Gilead por obra y gracia de la corrupción salen a la luz. Esta luz alumbrará la esperanza de Defred cuyo cuerpo (mínima imagen devuelta al principio en los espejos por los que pasa y máxima al final) e identidad se irán manifestando en sus relaciones con el comandante y su subordinado hasta desembocar en el terrible espectáculo de la escena final previa a su huida. Se le ha reprochado a la autora la escasez de acción a lo largo de la novela y recuerdo haber leído el deseo de la propia Atwood de mantener cierto distanciamiento del lector, a fin de que no se produzca “la suspensión de la incredulidad” y tenga un efecto admonitorio: NOS PUEDE SUCEDER…
La tercera parte: MI DESPERTAR... Tengo la impresión de haber estado flotando dentro de una burbuja en donde la tensión lectora ascendía y ascendía sin freno. Y de pronto caí, como Faetón, en las brumas de la investigación de la historia que acabo de leer. ¿Quién?, ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿por qué? son los interrogantes que se plantean estos investigadores de excéntricos nombres en torno a unas cintas magnetofónicas "un acto de esperanza" según Atwood encontradas por azar y sin un orden establecido... Pero omitiendo las irónicas observaciones de la autora en torno a la loable labor de la investigación lo que queda es el reconocimiento de que tanto en el momento de su escritura como en el nuestro de 2018 laten a veces larvados los elementos para una marcha atrás de la humanidad... Y por terminar de una manera positiva me sumo a la categoría de "antipredicción" con la que califica la autora su obra pues "si este futuro se puede describir de manera detallada, tal vez no llegue a ocurrir". AMÉN. 
Ana Ballester

Se ha hablado mucho últimamente de “El cuento de la criada”, obra publicada en 1985 pero de actualidad por su exitosa adaptación televisiva. Llevo tiempo queriendo adentrarme en esta lectura y al fin le ha llegado el turno.
Defred es la protagonista, y es criada en la República de Gilead. Pero no una criada de las que nos vienen a la mente, en Gilead las criadas tienen una función diferente: menstruar, ser fértiles, reproducirse. Si no, no son útiles. Y podrían acabar en las Colonias realizando tareas ignominiosas. Y sí, hay funciones aún más horribles que ser víctima de asépticas violaciones a fin de quedar embarazada.
“El cuento de la criada” es una suerte de registro de la experiencia de su protagonista y, naturalmente, está escrito en primera persona. Se trata de una obra de carácter distópico, en la que se han reducido las libertades al mínimo y las mujeres fértiles viven recluidas, silenciadas, deshumanizadas. Son meros recipientes cuya función es gestar hijos para otras personas.
Las distopías, que plantean esa ficción oscura y angustiosa, abren una vía de reflexión sobre nuestra realidad actual. Leyendo “El cuento de la criada” cruzaron mi mente cuestiones como la pujanza de los vientres de alquiler y las cuestiones éticas al respecto.
Una lectura inteligente, crítica, sagaz, desasosegante. En síntesis, imprescindible. 
Ana Rayas
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