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1 de diciembre de 2021

"El olvido que seremos", de Héctor Abad Faciolince

el olvido que seremos
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Editorial: Alfaguara

SINOPSIS: 
El 25 de agosto de 1987 Héctor Abad Gómez, médico y activista en pro de los derechos humanos, es asesinado en Medellín por los paramilitares.
El olvido que seremos es su biografía novelada, escrita por su propio hijo. Un relato desgarrador y emocionante sobre la familia, que refleja, al tiempo, el infierno de la violencia que ha golpeado Colombia en los últimos cincuenta años.

OPINIÓN:
Fue la lectura de noviembre de 2021 en el Club de Lectura.

“Salía Marta Castro, que había sido tísica y de esto le había quedado una tos sorda, seca, permanente, una respiración breve y ansiosa, y que además tenía un ojo nublado, gris tirando a azul, porque una vez bordando una casulla se había chuzado la retina con una aguja, y había perdido el ojo, todo por hacerle el bien a los curas pobres, así le pagaba mi Dios, igual a como le había pagado a tío Luis, que se había ido de capellán para Agua de Dios, el lazareto colombiano, un pueblo de Cundinamarca, y allá había contraído la enfermedad que acabó por matarlo, con la espalda que se le caía a jirones, y los dedos que se le desprendían en pedazos. Una vez mi abuela, cuando él estaba al final de sus días, le estaba tendiendo la cama y de pronto vio, sobre la sábana, suelto, el dedo gordo del pie, y entonces corrió a llamar al médico, pero ya no había nada qué hacer, porque además del mal de Hansen había contraído diabetes y fue necesario cortarle la pierna, primero una y después la otra (y eso mismo le pasó después, aunque no lo crean, también al padre Lisandro, el confesor de mi abuelita, y hubo que cortarle ambas extremidades a causa de la diabetes que por falta de circulación le gangrenó las piernas, como si a ambos les hubiera caído un rayo de fuego"...

Para noviembre 2021 fue escogido el libro "El olvido que seremos" (2005) del colombiano Héctor Abad Faciolince (1958) como lectura del mes del Club de Lectura de Literatura+1, con gran participación en la lectura conjunta, publicaciones y comentarios, por la buena fama y los muchos premios que la avalan, además de una película también galardonada.
Héctor Abad Faciolince, con cariño profundo a su padre el Dr. Héctor Abad Gómez, desea evitar o retrasar EL OLVIDO QUE SEREMOS ... Su meta es recordar y dar a conocer esa vocación de entrega a los pobres, ese humanismo, ese idealismo valiente, ese sacrificio, esa inmolación de su vida, pues aunque su asesinato o ejecución fue UNA MUERTE ANUNCIADA, él no huyó al exilio, como bien pudo haberlo hecho, sino que desafiando las evidencias, ingenua y valientemente, continuó exponiéndose, como un Jesucristo o un Sócrates.
El padre, Héctor Abad Gómez, médico, ensayista, luchador por los derechos humanos, especialista en salud pública, fue arrebatado en Medellín, por las tenebrosas fuerzas del mal, encarnadas en paramilitares.
Es una novela testimonial, muy tierna y muy dura, conmovedora, con un estilo que a veces me sonaba parecido al de GABO, pues a cada rato me hacía recordar a CIEN AÑOS DE SOLEDAD, por las descripciones, los combinaciones de adjetivos o adverbios, los hechos y los colombianísimos personajes de extrema rareza y muy pintorescos, o muy bellos o muy estrafalarios; los sucesos insólitos, exagerados; pero así es: el realismo mágico es lo cotidiano en Colombia ... exótica como sus frutas deliciosas, sus flores tropicales, y sus gentes amorosas y de particular belleza.
Y tiene la novela también hasta pasajes escatológicos, que por tres veces me dieron asco y ganas de vomitar.
Esta bella novela, retrato fiel de Colombia, es en su mayor parte, como el capítulo Los Años Felices, muy amena y divertida ... pero ya después viene la parte angustiosa, al final ... la del desenlace fatal.
EL OLVIDO QUE SEREMOS toma su nombre del primer verso del poema "AQUÍ. HOY" de Jorge Luis Borges, cuya autoría fue probada después arduas y lenguas investigaciones de Héctor Abad Faciolince y sus amigos. Poema que fue encontrado en el bolsillo del cadáver del mártir Dr Abad.
Me pareció una novela real y maravillosa, muy sentimental ... una declaración de amor (que él llama mutuo afecto o cariño “físico”) y de orgullo filial de un hijo a su padre … pero al mismo tiempo que es muy generoso en sus alabanzas, el autor usa esta obra como una especie de catarsis para exorcizar los demonios de su psiquis, pues veladamente lo critica a fondo … hay cosas que no dice pero da a entender… y por los traumas que le causó el padre con sus chocantes técnicas educativas: como llevarlo de niño a presenciar una autopsia y luego de adolescente a ver tres veces la película “Muerte en Venecia”.
El hijo realiza una obra que es un panegírico, una oda novelada, donde lo contado se colorea, enfoca e idealiza de acuerdo a la pluma de narrador, el amoroso hijo ... que no es un narrador confiable, pues también es protagonista. A pesar de eso, se pueden sacar algunas conclusiones de incongruencias en la personalidad del Dr. Héctor Abad Gómez:
No era racista, pero veía con malos ojos las amistades morenas de sus hijas ...
Era un adorador de la belleza, pero él era bastante feo ... ¿sería por eso que se carcajeada todo el tiempo?
Era médico, pero no podía o no quería atender en consulta, ni siquiera a los campesinos de su finca: hacía que los viera su esposa.
Era ateo ... pero se persignaba en los aviones, pues le daba pánico volar.
Era casado, con cuatro hijas y un hijo ... pero guardaba oscuros secretos privados o prohibidos en sus cajones, que a su muerte encontró el hijo ... y a los que se refiere en forma misteriosa ... sospechosa ...
Quizás las incongruencias y contradicciones de su personalidad lo atormentaban tanto que lo condujeron a exponerse demasiado ante los paramilitares "como un tonto útil" y que su ejecución fuera casi un suicidio ...

"Mi papá me había lanzado muchos mensajes indirectos sobre su intimidad. No confesiones, ni franquezas brutales, que suelen ser más un peso para los hijos que un alivio para los padres, sino pequeños síntomas y signos que dejaban entrar rayos de luz en sus zonas de sombra, en ese interior del cubo que es la caja oculta de nuestra conciencia. Yo había dejado esos indicios en una zona también intermedia entre el conocimiento y las tinieblas, como esas sensaciones que nos da la intuición, pero que no queremos o no podemos confirmar en los hechos, ni dejamos aflorar con nitidez a la conciencia con palabras nítidas, ejemplos, experimentos o pruebas fehacientes. Dos veces, por ejemplo, dos veces me llevó mi papá a ver una película. Muerte en Venecia , de Luchino Visconti, ese bellísimo film basado en una novela corta de Thomas Mann.
Todos tenemos en nuestras vidas algunas zonas de sombra. No necesariamente son zonas vergonzosas; hasta es posible que sean las partes de nuestra historia que más nos enorgullezcan, las que al cabo del tiempo nos hacen pensar que, a pesar de los pesares, se justificó nuestro paso por la tierra, pero que como forman parte de nuestra intimidad más íntima, no queremos compartirlas con nadie. También pueden ser zonas ocultas porque nos resultan vergonzosas, o al menos porque sabemos que la sociedad que nos rodea en ese momento las rechazaría como odiosas o monstruosas o sucias, aunque para nosotros no lo sean. O pueden estar a la sombra esas zonas porque de verdad, e independientemente de cualquier tiempo o cultura, son hechos reprobables, detestables, que la moral humana de cualquiera no podría aceptar. No eran sombras de este último tipo las que yo hallé en los cajones de mi papá. Todo lo que encontré lo hace, ante mis ojos, más grande, más respetable y más valioso, pero así como él no quiso que ni su esposa ni ninguna de sus hijas las supieran, también yo dejo cerrado ese cajón que sólo serviría para alimentar la inútil habladuría digna de telenovelas, e indigna de una persona que amó todas las manifestaciones humanas de la belleza y que fue, al mismo tiempo, espontánea y discreta".
Lucila Argüello
Una historia y un dolor personal que el autor nos comparte y que al mismo tiempo va desarrollándose en todo un país, Colombia, que en los años 80 se desangraba sin que ninguna autoridad hiciera nada por remediarlo, porque había infiltrados en el mismo gobierno a quienes les convenía librarse de las mentes brillantes que se unían para defender la libertad del país.
El olvido que seremos es la vida de Héctor Abad Gómez narrada amorosa y desgarradoramente por su hijo Héctor Abad Faciolince.
Abad Gómez fue médico, escritor, periodista, diputado, pero es especialmente recordado por su activismo, su lucha para mejorar la salud de los colombianos, creando la Escuela Nacional de Salud Pública en Medellín y sus denuncias ante el comité para la Defensa de los Derechos Humanos.
El libro inicia mencionando a dos personajes amigos del doctor y sobrevivientes: Alberto Aguirre y Carlos Gavira, a quienes el autor no ha permitido que sean el olvido de un pueblo que quedaría marcado por tanta sangre de inocentes.
Es hermoso encontrar en la narración de un hijo el cómo, el amor del padre lo enseñó a caminar y a enfrentar su día a día sin que ese amor fuera vergonzoso, ese niño creció al cobijo de un padre que no fue eclipsado por la madre sino más bien se convirtió en confidente, maestro y amigo, que cuando llegó un tiempo en que fue abrumador estar juntos lo supieron resolver sin que se fracturase su relación, antes bien separarse le dio al autor la oportunidad de valorar la grandeza de un hombre al que llamaba padre.
Si bien es triste narrar la historia de un personaje, lo es aún más cuando es alguien a quien amamos y que ya no está vivo, porque como dice Faciolince, todo lo que escribió lo hizo para alguien que nunca podrá leerlo. La novela nos contagia la tristeza de la añoranza de tiempos vividos y de tiempo arrebatado por el odio de gente mal querida. Una máxima de Abad Gómez era: "Si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad", de esa manera estamos creando individuos que darán bondad al mundo.
Pues así era como ese hombre derrochaba caridad a su gente, luchaba por ir a la raíz de las enfermedades y no solo a recetar, pedía a las autoridades agua clorada, campañas sanitarias y el primer gran acueducto para la ciudad. Todo eso le fue regalando enemigos conservadores que lo creían un izquierdista nocivo para los alumnos, peligroso para la sociedad y demasiado librepensador en materia religiosa.
Abad Faciolince no quiso hacer una hagiografía de su padre aunque fue difícil la tarea cuando se tiene a un hombre tan susceptible a la bondad o a la vanidad de querer sobresalir en la justicia hasta el grado de saber que le iba la vida en ello y aunque amaba vivir estaba dispuesto a sacrificarse ante los sicarios quienes le ganaron la batalla.
Este libro es el intento de dejar testimonio de un dolor profundo por la pérdida de un gran padre y un gran ser humano, para perpetuar el recuerdo, Héctor Abad Gómez sería rescatado por su hijo del olvido que seremos al morir.
Cabe destacar que el bello título de la novela se extrae de un poema de Jorge Luis Borges titulado "Ya somos el olvido que seremos".
Blanca Toral

«El olvido que seremos» me llegó al alma, por la historia misma y por cómo nos la cuenta Héctor Abad Faciolince; es un libro que conmueve, que recomiendo y que volvería a leer.
Retrata de manera íntima desde el seno de la familia Abad a todos sus integrantes y su forma de relacionarse entre ellos y con los demás, la historia está enmarcada en una Colombia violenta, injusta y macabra de los años 60, 70 y 80.
El autor cuenta hacia el final del libro por qué lo escribe, como un deber, siendo escritor, pero se tomó su tiempo hasta publicarlo (20 años), lo que le llevó procesar el asesinato de su padre para volcarlo al papel, con la esperanza de que su memoria no se pierda en el olvido tan prontamente como suele pasar y de hacerlo perdurar un poco más allá de los instantes que somos, justifica su libro como método para alargar el recuerdo a través de la literatura.
Se ve claramente que, desde pequeño, tenía idealizado a su padre y mantenía con él una fuerte conexión, probablemente por ser la única figura masculina ya que se crio entre muchas mujeres.
Su padre, el doctor Abad Gómez, además de médico fue profesor de la Universidad de Antioquia y líder social, tuvo mucha injerencia en la política, en la salud pública y en la defensa de los derechos humanos. Ese compromiso social lo llevó a la muerte, algo de lo que él era totalmente consciente a lo que se exponía con sus denuncias y por eso anticipó:
«Hay que tener mucha estima por sí mismo para ser capaz de sacrificarse a sí mismo».
En todo el libro se destaca la idea de la importancia de desarrollar el pensamiento crítico como propuesta educativa para formar una idea personal y alejarnos de lo establecido, de los preceptos religiosos, de las ideologías fanáticas y la idea de buscar y alcanzar la excelencia, el virtuosismo.
En el recorrido por su vida familiar nos encontraremos con reflexiones filosóficas sobre la vida, la muerte, el olvido, la felicidad, el dolor, la tristeza, la religión, las relaciones familiares, la belleza que trasciende los prejuicios y todo lo que atravesaron cuando parecía que todo iba a ser felicidad absoluta y el destino les cambió la vida. Habla también de la importancia de los libros, de la música, y de la forma de enseñar, esa que interpela, que es como un tábano, a la manera de Sócrates y su mayéutica.
Su narrativa es lineal y sencilla, no presenta obstáculos de interpretación, es verosímil aunque el hecho de que todo surja a raíz del poema de Borges encontrado en su bolsillo el día que lo asesinaron parezca increíble.
Un libro para tener en los anaqueles de nuestro hogar, una lectura que merece ser leída con compromiso, como dijo Javier Cercas:
«... la única forma seria de leer es leer como quien reza, como quien llora, como quien pelea por su pellejo en cada frase, en cada adjetivo y en cada coma».
Gäbby Molina

23 de enero de 2021

"El infinito en un junco", de Irene Vallejo

el infinito en un junco irene vallejo
FICHA TÉCNICA:
Género: Ensayo
Editorial: Siruela

SINOPSIS: 
Este es un libro sobre la historia de los libros. Un recorrido por la vida de ese fascinante artefacto que inventamos para que las palabras pudieran viajar en el espacio y en el tiempo. La historia de su fabricación, de todos los tipos que hemos ensayado a lo largo de casi treinta siglos: libros de humo, de piedra, de arcilla, de juncos, de seda, de piel, de árboles y, los últimos llegados, de plástico y luz.
Es, además, un libro de viajes. Una ruta con escalas en los campos de batalla de Alejandro y en la Villa de los Papiros bajo la erupción del Vesubio, en los palacios de Cleopatra y en el escenario del crimen de Hipatia, en las primeras librerías conocidas y en los talleres de copia manuscrita, en las hogueras donde ardieron códices prohibidos, en el gulag, en la biblioteca de Sarajevo y en el laberinto subterráneo de Oxford en el año 2000. Un hilo que une a los clásicos con el vertiginoso mundo contemporáneo, conectándolos con debates actuales: Aristófanes y los procesos judiciales contra humoristas, Safo y la voz literaria de las mujeres, Tito Livio y el fenómeno fan, Séneca y la posverdad… 
Pero, sobre todo, esta es una fabulosa aventura colectiva protagonizada por miles de personas que, a lo largo del tiempo, han hecho posibles y han protegido los libros: narradoras orales, escribas, iluminadores, traductores, vendedores ambulantes, maestras, sabios, espías, rebeldes, monjas, esclavos, aventureras… Lectores en paisajes de montaña y junto al mar que ruge, en las capitales donde la energía se concentra y en los enclaves más apartados donde el saber se refugia en tiempos de caos. Gente común cuyos nombres en muchos casos no registra la historia, esos salvadores de libros que son los auténticos protagonistas de este ensayo.
Premio Nacional de Ensayo 2020.

OPINIÓNES:
Fue la lectura de marzo de 2021 en el Club de Lectura.

Llevaba tiempo deseando leer este libro, pero he ido dejando la lectura para unos días en que pudiera ponerme a ello con calma, ya que el contenido bien lo merece. Y después de leerlo, puedo decir que la calidad del libro también.
En este ensayo, Vallejo se remonta a la Grecia y Roma antiguas para trasladarnos al momento de la invención de los libros. En lugar de inclinarse por un tono más académico, la autora opta por una aproximación de un estilo más literario, que se adapta perfectamente al tema que trata. También considero un acierto la introducción de referencias a la cultura popular, muy útil a la hora de contextualizar algunos de los hitos abordados.
“En infinito en un junco” nos acerca a momentos fundamentales en la historia de la humanidad, como el nacimiento de la biblioteca de Alejandría, la transición de la tradición oral a la cultura escrita, la invención del alfabeto o la aparición de las primeras librerías y libreros.
La lectura de “El infinito en un junco” resulta apasionante de principio a fin. Una joya para amantes de la lectura y de los libros.
Ana Rayas

"En los primeros párrafos de su obra, el historiador se pregunta por el inicio de las luchas entre europeos y asiáticos. Encuentra ecos de ese conflicto originario en los antiguos mitos. Todo empezó con el secuestro de una mujer griega, llamada Ío.
Un grupo de mercaderes, o, más bien, de traficantes —las diferencias entre unos y otros siempre fueron volátiles en la Antigüedad—, desembarcaron en la ciudad griega de Argos para exhibir su mercancía. Algunas mujeres se acercaron a la orilla atraídas por aquellos productos exóticos. Curioseaban arremolinadas junto a la popa de la nave extranjera cuando, de repente, los vendedores, que eran de origen fenicio, se abalanzaron sobre ellas. La mayoría se defendió con uñas y dientes y consiguió escapar, pero Ío no tuvo tanta suerte. La capturaron y la llevaron a la fuerza hasta Egipto, convertida ella misma en mercancía.
Este secuestro, según el relato de Heródoto, fue el principio de toda la violencia.
Poco después, un destacamento de griegos en misión de castigo desembarcó en Fenicia —hoy Líbano— y raptó a Europa, la hija del rey de Tiro.
El empate en los atropellos duró poco, porque los griegos secuestraron también a la asiática Medea en el territorio de la actual Georgia.
En la generación siguiente, Paris decidió agenciarse mujer por el procedimiento del rapto, llevándose a la bella Helena por la fuerza rumbo a Troya.
Esta agresión colmó la paciencia de los griegos: estalló la guerra y la enemistad incurable entre Asia y Europa.
El comienzo de las Historias contiene una fascinante mezcla de mentalidad antigua y asombrosa modernidad.
Es evidente que Heródoto cree que las leyendas, los oráculos, los cuentos maravillosos y las intervenciones divinas deben figurar junto a los hechos documentados".

Fue un gran placer participar de la lectura conjunta del mes de marzo 2021 en el Club de Lectura de Literatura +1, con este precioso ensayo de la doblemente doctora en filología y genial joven autora, Irene Vallejo.
El Infinito en un Junco es supuestamente la historia del libro, pero se ensancha convirtiéndose en un compendio de historia de las culturas occidentales a todo nivel ... antropológico, arqueológico, filológico e histórico, mitológico, filosófico, literario … total ….
El ensayo, de 533 páginas, se lee con la agradable continuidad de una novela, pues está entramado como si fuera una serie de relatos, entretejiendo historia antigua con autobiografía, antropología con anécdotas contemporáneas, breves reseñas de obras contemporáneas usadas como ejemplos, filosofía y arte antiguos, los clásicos grecorromanos, algunos traducidos por Irene Vallejo, alternados y comparados con los modernos y contemporáneos ... todo en un lenguaje sencillo pero erudito, adornado con un bello estilo de prosa muy poético y bordado con experiencias de la propia vida de la joven autora … rematando con puntadas místicas este manto multicolor literario, este mágico tapiz maravilloso que nos hace sobrevolar hacia otras eras, siguiendo el hilo de la imaginación y la sapiencia de la autora, en un festín filológico textual, pleno de textiles alegorías.
Es admirable el profesionalismo y la ardua labor investigativa y que tuvo que llevar a cabo la escritora Irene Vallejo para reunir la tremenda cantidad de información detallada, y también digna de encomio la forma variada y atractiva de presentar tanto conocimiento ... porque uno lo lee con gusto, saboreando las escenas y hechos históricos descritos con tanta aparente facilidad y derroche de encanto.
Ha sido un repaso amable, un volver a la juventud del aprendizaje pero sin la presión de tener que rendir un examen ... He recordado muchos pasajes históricos, pero esta vez recamados con los detalles plásticos y pintorescos de la narración de Irene Vallejo. He gozado revisando las vidas de tantos personajes clásicos que tenía en el olvido, revisitando a mis favoritos: Heródoto, Pericles y Aspasia, Safo, Alejandro, Hypatia, Sherezade, y he conocido otros nuevos para mí, como la salmista y sacerdotisa de Ur, Enheduanna, y el poeta humorista hispano Marcial, amigo de los libreros en la Roma antigua.
En esos placenteros momentos de lectura instructiva siempre pensaba: "Éste debe convertirse en un libro de lectura de niños y jóvenes ... apto para todos los niveles de enseñanza y en todas las asignaturas, pues lo combina todo"
… pues este libro es un Aleph, un maravilloso gobelino que lo contiene todo ... y no le cabe aquel refrán de mi madre que reza: "el que mucho abarca poco aprieta", pues está muy detallado en el fondo y en una forma tan encantadora que nunca llega a aburrir.
Lo recomiendo con entusiasmo...

"Y, sin embargo, desde tiempos remotos las mujeres han contado historias, han cantado romances y enhebrado versos al amor de la hoguera. Cuando era niña, mi madre desplegó ante mí el universo de las historias susurradas, y no por casualidad. A lo largo de los tiempos, han sido sobre todo las mujeres las encargadas de desovillar en la noche la memoria de los cuentos. Han sido las tejedoras de relatos y retales. Durante siglos han devanado historias al mismo tiempo que hacían girar la rueca o manejaban la lanzadera del telar. Ellas fueron las primeras en plasmar el universo como malla y como redes. Anudaban sus alegrías, ilusiones, angustias, terrores y creencias más íntimas. Teñían de colores la monotonía. Entrelazaban verbos, lana, adjetivos y seda. Por eso textos y tejidos comparten tantas palabras: la trama del relato, el nudo del argumento, el hilo de una historia, el desenlace de la narración; devanarse los sesos, bordar un discurso, hilar fino, urdir una intriga. Por eso los viejos mitos nos hablan de la tela de Penélope, de las túnicas de Nausícaa, de los bordados de Aracne, del hilo de Ariadna, de la hebra de la vida que hilaban las moiras, del lienzo de los destinos que cosían las nortas, del tapiz mágico de Sherezade. Ahora mi madre y yo susurramos las historias de la noche en los oídos de mi hijo. Aunque ya no soy aquella niña, escribo para que no se acaben los cuentos. Escribo porque no sé coser, ni hacer punto; nunca aprendí a bordar, pero me fascina la delicada urdimbre de las palabras. Cuento mis fantasías ovilladas con sueños y recuerdos. Me siento heredera de esas mujeres que desde siempre han tejido y destejido historias. Escribo para que no se rompa el viejo hilo de voz".
Lucila Argüello

UN LIBRO HABLANDO DE LIBROS
¡Eso es!
Luego de leer este ensayo no podemos ser indiferentes a la idea de que hoy en nuestras manos tenemos un tesoro universal, tal como Alejandro Magno quiso para él (porque también las palabras conquistan) y como lo fue la Biblioteca de Alejandría.
Irene Vallejo nos reúne a todos los amantes de los libros, los de hoy con los de la antigüedad, en un ensayo bien documentado. No es solo un ensayo, es un manual, es una enciclopedia, un poema a los libros, es también un cuento, una radiografía, un diario íntimo, un mapa, un recorrido que te atrapa y del que no hay intenciones de salir del todo, un libro que se puede leer siempre como un volver a los lugares que nos hicieron felices, fomenta la esperanza de que nunca desaparecerán mientras hayan ideas que contar. Un libro que no puede faltar en tu biblioteca.
A medida que se avanza en la lectura se van despertando la curiosidad y el atar cabos, al tiempo que vemos con asombro cada dato también se siente nostalgia de un lugar y tiempo que sin estar físicamente presentes, nos trasladamos hasta allí.
Es la manifestación clara del vínculo entre literatura y sociedad, una transformación compartida a lo largo de los siglos.
Ante los agoreros que pregonan su extinción en físico no hay mejor recurso que volver la vista atrás y ver la evolución y supervivencia de los mismos, podrán cambiar los formatos, pero nosotros desaparecemos y los libros quedan.
Y gracias a que alguien soñó juntar todos los libros del mundo en una biblioteca universal (por avaricia, por megalomanía, por poder, por la razón que fuere) nos llega como legado la historia de los mismos.
Somos parte de la tropa que anda tras los libros, que no solo leemos sino que seguimos salvando el tesoro.

«Sin libros, la historia está en silencio, la literatura enmudecida, la ciencia paralizada, el pensamiento y la especulación estancados».
—Bárbara Tuchman
Si alguien te pregunta alguna vez de dónde vienen los libros, no dudes en recomendar esta joya literaria.
Algunas citas de «El infinito en un junco»:
—«La pasión del coleccionista de libros se parece a la del viajero. Toda biblioteca es un viaje; todo libro es un pasaporte sin caducidad».
«En los anaqueles de Alejandría fueron abolidas las fronteras, y allí convivieron, por fin en calma, las palabras de los griegos, los judíos, los egipcios, los iranios y los indios. Ese territorio mental fue tal vez el único espacio hospitalario para todos ellos».
«Este diálogo silencioso entre tú y yo, libre y secreto, es una asombrosa invención».
«De niña creía que los libros habían sido escritos para mí, que el único ejemplar del mundo estaba en mi casa».
«Si alguien lee para ti, desea tu placer; es un acto de amor y un armisticio en medio de los combates de la vida».
« [...] descubrí que podía almacenar fantasías acogedoras y guardarlas en mi habitación interior para buscar refugio cuando allá fuera arreciase el granizo».
«Los libros nos ayudan a sobrevivir en las grandes catástrofes históricas y en las pequeñas tragedias de nuestra vida».
Gäbby Molina

La escritora Irene Vallejo, por su amor a la lectura, abrió una matrioska literaria titulada: "El Infinito en un junco", este ensayo es una búsqueda y una aventura del inicio y trayectoria de la escritura, de cómo los seres humanos le dieron voz a las letras, de dónde fueron capaces de plasmarlas como en la misma tierra, tablas, rocas, miel, en hojas extraídas de juncos, para que al final pudiéramos tener en las manos lo que ahora conocemos como libro.
Nos lleva al recorrido por las grandes voces históricas como la del gran Homero con sus epopeyas tan conocidas, La Iliada y la Odisea, esos relatos que inspiraron al mismo Alejandro Magno y que gracias a estar impreso hemos disfrutado por generaciones.
Un viaje en el tiempo para conocer las raíces de lo que ahora componen un libro, compartir la ruta de la oratoria en las grandes voces como Tucídides, la atinada idea de dejar por escrito todo eso que se hablaba para que el viento no se llevará esas palabras.
Inmovilizar la belleza de los poemas para que hoy día pudiéramos, leerlos, admirarlos y recitarlos. Salvar del olvido la belleza de lo hablado.
La autora nos hace un recordatorio de lo que implicaba para los reinos atesorar libros, pues bien sabían que estaban atesorando conocimientos, un hermoso tesoro el que se buscaba, el que se codiciaba, ese tesoro del saber comprendido en las páginas de los manuscritos.
La tristeza de conocer las atrocidades que se cometieron también en contra de lo que albergaba a las culturas, el conocimiento que debía trascender a las futuras generaciones y que bien se sabe era la manera de aniquilar a un pueblo.

Cita: "Sarajevo brilló con el fuego que brotaba de Vijećnica, el imponente edificio de la Biblioteca Nacional junto al río Miljacka. Al amanecer, habían ardido cientos de miles de volúmenes —libros raros, documentos de la ciudad, colecciones enteras de publicaciones, manuscritos y ediciones únicas—. «Aquí no queda nada», dijo Vkekoslav, un bibliotecario. «Yo vi una columna de humo, y los papeles volando por todas partes, y quería llorar, gritar, pero me quedé arrodillado, con las manos en la cabeza. Toda mi vida tendré esta carga de recordar cómo quemaron la Biblioteca Nacional de Sarajevo»".

Se deja claro que los libros han sido depositarios de culturas y por tanto deben ser reconocidos como lazos que han unido países.
Irene Vallejo hace una puntual comparación entre la biblioteca de Alejandría (que en su tiempo se edificó para atesorar todos los libros de la época), con Google que, es bien sabido ahí se almacena toda la información que tecleamos, ya sea para control, para tener libre acceso a la información o para albergarla y salvaguardarla para un futuro.
En esta obra se hace un reconocimiento y se aplaude la labor en ocasiones mortal, de todas aquella personas que se dieron a la tarea de salvar y guardar las letras, proteger el alma de quién lo escribió, para disfrute de las generaciones por venir. Un agradecimiento a las voces femeninas que hasta el día de hoy han sido pieza clave para seguir trenzando relatos, mujeres que al ir contando cuentos a sus hijos serán recordadas como las grandes tejedoras de historias. Nunca olvidarás a quien te contó un buen cuento en la penumbra de una noche. Mi abuela me leía y después yo le leí y le leí a mis hijos y espero leerles a mis nietos.
El nombre del libro en propia voz de la autora, nos define que todo lo infinito que pensamos, sabemos, vemos y soñamos, se puede contener en la corteza de un junco que se transforma en papiro.

«Leer es siempre un traslado, un viaje, un irse para encontrarse. Leer, aun siendo un acto comúnmente sedentario nos vuelve a nuestra condición de nómadas».
*Leer contra la nada de Antonio Basanta.

La autora a través de su ensayo nos va a obligar a evocar nuestras lecturas clandestinas a altas horas de la noche cuando los adultos nos prohibían ciertos libros, o buscar lugares estratégicos para leer y para ocultar los libros prohibidos, pues como dice, los lectores somos descendientes directos de aquellos primeros lectores furtivos. No deberíamos olvidar que el libro de páginas triunfó, en gran medida, porque favorecía las lecturas clandestinas, negadas, no consentidas.
Pero sobre todo, este ensayo te reconoce a ti, lector, que haces posible que las letras trasciendan, que tu amor a la lectura haga que los libros perduren a pesar del tiempo y de la modernidad del internet. Es un llamado a ser militante y protector de los libros, a no permitir que los mismos se pierdan en el olvido.
Y como dijo Vargas Llosa: 'Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado'.
Blanca Toral

No es fácil hacer una valoración de una obra tan poliédrica como “El infinito en un junco”, así que ordenaré los contenidos que más me han gustado. En primer lugar, su estilo amable y cercano que ha facilitado su lectura, mérito no pequeño dada la complejidad de lo contado.
En segundo lugar, y muy enlazado con el primero, la habilidad de la que ha hecho gala al conectar pasado y presente con la misma templanza de un auriga, los ojos clavados en el reto del camino, sin olvidarse del “ahora más inmediato”, quizá porque esos lejanos ayeres puedan ser la materia viva con la que modelar y reescribir el mundo en el que vivimos.
En tercer lugar, me ha supuesto un reconocimiento de los valores de lo que se ha llamado “La cultura occidental” de los cuales me siento descendiente desde que un buen día cayó en mis manos, como deber escolar de traducción, unos hexámetros en griego del principio de la Iliada que decían así: /Canta, diosa, la cólera aciaga de Aquiles Pelida,/ que a los hombres de Acaya causó innumerables desgracias/ y dio al Hades las almas de muchos intrépidos héroes/ cuyos cuerpos sirvieron de presa a los perros y pájaros/ de los cielos; que así los designios de Zeus se cumplieron/ desde que separáronse un día, tras una disputa,/ el Atrida, señor de los hombres, y Aquiles divino/.
Descubrir el “milagroso camino” que llevó a Alejandro Magno y su obsesión por Aquiles -el guerrero más poderoso y temido de la mitología griega- que dormía “siempre con su ejemplar de la ILIADA y una daga debajo de la almohada”... hasta un pupitre escolar en el siglo XX es lo que nos va a contar Irene Vallejo.
Para ello indagará en los instrumentos que hicieron esto posible: la escritura desde sus pétreos, pictóricos y elitistas orígenes hasta su transformación en un reducido alfabeto sonoro, lo que ella llama LA REVOLUCIÓN APACIBLE DEL ALFABETO, cuya versatilidad y universalidad permitirán su asiento, como golondrinas en su nido, en los formatos que sucesivamente se irán creando: tablillas, papiro, pergamino y finalmente papel y que reciben el nombre de LIBROS. Estos fueron los depositarios y refugio de los valores políticos, éticos, literarios, filosóficos, religiosos, y científicos que nos han conformado y cuya supervivencia constituye la apasionante historia de este libro cuyos vaivenes históricos, dramáticos muchos de ellos, tanto en Grecia como en Roma, fueron esquivados hasta llegar a nuestros días.
Para terminar, y al hilo de lo expuesto, recordaba yo los dos adjetivos con los que se nombran y dan por conclusa la homogeneidad en lo que a la asunción de valores de lo que se ha llamado ”La cultura occidental” se refiere, y cuya formación la circunscribe Irene Vallejo a los dos momentos históricos profusamente narrados, a saber el mundo griego y el romano.
Uno de ellos es la de tildar a la época en que vivimos de “disolvente” (y que Harold Bloom llamará “caótica” en su canon) y el segundo el de la “modernidad líquida” de Bauman en donde el cambio constante y lo transitorio socavan la educación, la cultura, la política, la economía y por lo tanto nuestros asideros más importantes.
Es reconfortante que esta autora haya alzado su mirada para recordarnos que la educación, la “paideia platónica”, y más tarde la “humanitas ciceroniana“ postularon el desarrollo de lo que hace que el ser humano sea eso “humano” en donde cultura, educación y democracia se erigen como imperativos categóricos que no debemos olvidar. Esto es para mí el significado del libro de Irene Vallejo y por eso cada vez que conjuntamente o en solitario llevamos a nuestras manos un libro o pisamos una biblioteca reivindicamos el formar parte de una comunidad (me recuerda a Fahrenheit 451) que cree que el legado de Grecia y Roma sigue presente más allá de los vociferantes presagios que nos anuncian su desaparición. Ita sit.
Ana Ballester

29 de noviembre de 2020

"Beloved", de Toni Morrison

beloved toni morrison
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Iris Menéndez
Editorial: Debolsillo

SINOPSIS: 
Para escribir esta magnífica historia, merecedora del Premio Pulitzer, Toni Morrison se inspiró en la vida real de una esclava afroamericana, Margaret Garner, que en 1856 escapó de una plantación en Kentucky y consiguió llegar al estado libre de Ohio. A punto de ser recapturada, Margaret tomó la trágica decisión de sacrificar a su hija para salvarla de una vida en cautiverio.
En esta novela, Sethe es la esclava prófuga que vendió su cuerpo para grabar el nombre de su hija muerta en la lápida: diez minutos por «Beloved», veinte minutos por «Dear Beloved». Muchos años después, Sethe vive en Ohio con Denver, su hija adolescente, y Paul D., un viejo amigo que también fue esclavo. Todos intentan prosperar y olvidar el pasado, hasta que un día aparece una joven que dice llamarse Beloved. Tiene la edad que tendría su hija si viviese y sabe ciertas cosas que sugieren que podría serlo.
Beloved se convirtió de inmediato en un clásico cuando se publicó en 1987. El crítico John Leonard escribió en Los Angeles Times: «No puedo imaginar la literatura norteamericana sin esta novela». Casi dos décadas después, The New York Times la eligió como la mejor novela norteamericana de los últimos cincuenta años.
La obra maestra de la premio Nobel de Literatura Toni Morrison, «la mejor novela norteamericana de los últimos cincuenta años» según The New York Times, ganadora del Premio Pulitzer y del American Book Award.

OPINIONES:
Fue la lectura de septiembre de 2021 en el Club de Lectura.

"Así empezó la cuestión. Preparó la masa de pasta y pensó en decirle a Ella y John que los acompañaran porque tres pasteles, quizá cuatro, eran demasiados para ellos solos. A Sethe se le ocurrió que podían agregar un par de pollos. Stamp ofreció las percas y bagres que saltaban a su barca: ni siquiera tenía que tirar el sedal. A partir de los ojos brillantes de Denver, creció hasta ser un banquete para noventa personas. El 124 se estremeció con sus voces hasta últimas horas de la noche. Noventa personas que comieron tan bien y rieron tanto que se disgustaron. A la mañana siguiente despertaron y recordaron las percas fritas que Stamp Paid hacía girar en una rama de nogal, con la palma izquierda extendida para protegerse de las salpicaduras de grasa caliente; recordaron el budín de maíz con crema, a los niños agotados y hartos de comida dormidos en la hierba, con los pequeños huesos de conejo asado todavía en las manos… y se disgustaron. Los tres (quizá cuatro) pasteles de Baby Suggs se transformaron en diez (quizá doce). Las dos gallinas de Sethe se transformaron en cinco pavos. El bloque de hielo transportado desde Cincinnati —sobre el que volcaron sandía machacada mezclada con azúcar y menta para hacer un ponche— creció hasta ser una carretada de pasteles helados para una tina llena de fresas exprimidas. El 124, tembloroso de risa, buena voluntad y comida para noventa, los disgustó. Un exceso, pensaron. ¿De dónde sacó todo eso Baby Suggs, bendita sea? ¿Por qué es ella y siempre ella el centro de las cosas? ¿Cómo sabe siempre exactamente qué hacer y cuándo hacerlo? Dar consejos, transmitir mensajes, curar a los enfermos, refugiar a los fugitivos, amar, cocinar, cocinar, amar, predicar, cantar, bailar y amar a todo el mundo como si fuera tarea de ella y sólo de ella. Que cogiera dos cubos de zarzamoras y los convirtiera en diez, quizá doce pasteles; que tuviera pavo suficiente para toda la ciudad cercana, guisantes nuevos en septiembre, crema fresca (aunque allí no había vaca), hielo y azúcar, pan, budín de pan, pan levado, y pan mantecado… les disgustó. Los panes y los peces eran cosa de Él… no de una antigua esclava que probablemente nunca había llevado cuarenta y cinco kilos a la báscula ni recogido quimbombó con un bebé a la espalda. Que nunca había sido azotada por un blanco de diez años, como Dios muy bien sabía que lo habían sido ellos. Que ni siquiera había escapado de la esclavitud… Cuya libertad había sido de hecho comprada por un hijo chocho, y que había sido conducida hasta el río Ohio en un carro, con los papeles de su libertad plegados entre sus pechos (conducida por el mismísimo hombre que había sido su amo, que había pagado su instalación, un tal Garner) y que había alquilado una casa con dos plantas y un pozo a los Bodwin… los hermanos blancos —un varón y una mujer— que daban a Stamp Paid, Ella y John ropa, alimentos y equipos para los fugitivos porque odiaban la esclavitud más de lo que odiaban a los esclavos".

Con esta obra ganadora del premio Pulitzer 1988, que se me hizo corta (311 páginas), estoy conociendo a la Premio Nóbel de Literatura 1993, la afroamericana estadounidense Tony Morrison (1931-2019).
Esta apasionante y conmovedora novela, inspirada en una historia verídica, está escrita en un estilo tal, que a pesar de la traducción, se percibe algo así como la cascada voz de una anciana narradora negra, contando a su manera los hechos, sentimientos, amores, creencias, sueños, alucinaciones, fantasías, magia y espiritualidad, sencillas alegrías y solidaridad humanas, pesadillas, envidias, supersticiones … de la vida de Baby Suggs y su nuera Sethe la filicida, su familia, sus vecinos y sus amigos ... todo dentro del marco histórico de la época de la Guerra de Secesión de Estados Unidos y posterior a ella, la liberación, difícilmente aceptada en muchos lugares.
El tono es poético en la voz narrativa cuando cuenta, casi como al descuido, casi como sin darle importancia, el sufrimiento por las terribles crueldades inhumanas cotidianas y las soluciones, de una valentía desesperada, que marcan las vidas con la tragedia, para siempre.
A esta bella novela, la considero una obra de arte, verdadera literatura de alta calidad, por eso no quiero seguir comentándola, porque es necesario leerla ... Dramática como La Cabaña del Tío Tom (1852) de Harriet Beacher Stowe, el best seller que influyó en la Guerra de Secesión de los Estados Unidos, según el propio Abraham Lincoln expresó a la autora ... con la diferencia de un estilo artístico digno de un Premio Nóbel de Literatura.

"Le duele la cabeza. De repente recuerda a Sixo intentando describir lo que sentía por la Mujer Cincuenta Kilómetros. «Es amiga mía. Me une a mí mismo. Junta las partes que son y me las devuelve en el orden que corresponde. Es bueno, sabes, tener una mujer que sea amiga de tu mente»". 
Lucila Argüello

Hace unos días terminé de leer Beloved (1987) libro que tenía en mente hace tiempo. Me ha impresionado el buen hacer de la autora que le valió el Nobel de literatura en 1993 con solo seis libros publicados hasta ese momento, y que la premió por “su arte narrativo impregnado de fuerza visionaria y poesía que ofrece una pintura viva de un aspecto esencial de la realidad norteamericana”. Estas cualidades están presentes desde su primera obra “Ojos azules” en 1970 hasta la última, una colección de ensayos “El origen de los otros” publicado en 2016.
La pregunta que uno se hace cuando lee esta obra es qué tiene de especial que concita la admiración de tantos lectores. Pues bien, creo que se puede resumir en una palabra: autenticidad. Y sí, eso desprende la historia íntima relatada por Morrison de la que intuimos que no sólo afecta a los protagonistas de la novela, sino también a miles y miles de seres humanos que fueron arrancados de sus tierras y lanzados al mar para sufrir la esclavitud.
El punto de partida de la autora fue recordar el haber leído hacia 1970 la historia de una esclava, Margaret Garner, que mató a uno de sus hijos y lo intentó con el resto al ser atrapada en su huida de la esclavitud porque no quería que sus hijos vivieran como ella lo había hecho. Lo curioso del caso es que no fue acusada de asesinato, como los abolicionistas querían, pues supondría que como madre sus hijos le pertenecían, sino que se le acusó de un delito contra “la propiedad” de su amo pues había robado y huido con “bienes que le pertenecían”. Nadie podía acusarla desde el punto de vista moral.
No fue una empresa fácil para la autora imaginar aquel periodo histórico en el que vivió Margaret Garner (Guerra de Secesión, Abolición de la Esclavitud) pues le resultaba, según palabras textuales, “repulsivo” y porque además sería muy fácil dejarse llevar por los tópicos compasivos y de paso suscitar una morbosa curiosidad ante la descripción de los horrores sufridos.
Relatar desde dentro la vida de los esclavos, transmitir al lector qué era vivir sin historia, sin arraigos pero sabiendo que no era el único modo de existir y, rota las barreras, no volver la mirada hacia atrás y dotarse a sí mismo de la humanidad arrebatada, es para mí el logro de esta novela. Y así se dispuso a escribir una obra que, como ella misma dice, es “irrevocablemente negra”.
Y esa es la base de Beloved: una esclava, Sethe, que huye para ser libre y que cuando se da cuenta de que, a pesar de estar en un territorio libre de esclavitud, sus hijos y ella pueden ser atrapados de nuevo por su antiguo amo, mata a su hija y lo intenta con el resto. La genialidad de Morrison reside en la creación de BELOVED, trasunto de la hija fallecida, presencia fantasmal cuyas raíces habría que buscarlas en las historias del pasado africano que se transmitían en el ámbito familiar y en el que la convivencia con seres desaparecidos formaban parte de su cotidianidad.
BELOVED, la hija cuya vida fue segada y la única con derecho a reclamar a su madre el derecho a vivir, instituye a Sethe como madre que asumió su responsabilidad y libertad (impensable para un esclavo), y que eligió matarla ante una segura esclavitud. La toma de conciencia del pasado, cuya dolorosa memoria revive con este acto, marca el inicio de su identidad como ser humano.
Y termino con unas palabras de la autora: “algunos traumas sufridos por determinados pueblos son tan profundos, tan crueles, que, a diferencia del dinero, a diferencia de la venganza, incluso a diferencia de la justicia, o de los derechos, o de la buena voluntad de los demás, solo los escritores logran traducirlos y transformar el dolor en significado para aguzar la imaginación moral”. Magnífica y aleccionadora.
Ana Ballester

Es una lectura que duele, que enoja, que cimbra fuerte adentro de uno y que te pone a pensar. La autora lo consigue con maestría, sin morbo, con una narrativa llena de simbolismos, alegorías y poesía en su prosa.
La historia ficcionada nace de un hecho real: una madre afroamericana que mata a su hija para evitarle todos los tormentos y vejaciones a los que son sometidos por sus propietarios blancos.
¿Difícil de entender? Pues, claro, si se intenta juzgar con ojos de blancos libres que vivimos en otro siglo, en otra realidad. Pero, es que ese no es el propósito de T. Morrison, el de juzgar a esa madre ni tampoco ahondar en detalles escabrosos.
Ya conocemos el desenlace fatídico, filicidio para nosotros, “destrucción de la propiedad" para esos amos. La cronología de los hechos se dispersa en saltos temporales y espaciales, un flashback te retrotrae a la llegada de la protagonista a la granja Sweet Home en Kentucky, que nada tenía de dulce ni de hogar, donde trabaja y conoce al que sería su esposo y padre de sus cuatro hijos hasta que deciden escapar a otro estado y ser “libres". Lo consigue a medias y no por mucho tiempo.
La Ley de Fugitivos que regía validaba la captura y el regreso a su antiguo dueño. Y es en esta parte del relato donde sucede la “Desgracia", mata a su hija sin poder concretar lo mismo con los otros tres, como un intento de reafirmar su libertad en medio de la desesperación y la desesperanza.
Y aquí la frase que condensa todo el relato para mí:
«Ser libre era una cosa, pero reivindicar la propiedad de esa libertad era harina de otro costal».
Esta será una marca más en su cuerpo, en su alma, más dolorosa que todos los latigazos juntos que recibió siendo esclava porque se la hizo ella misma; o mejor dicho, se la hicieron también los blancos pero sirviéndose de las manos de ella. Y también marcó a los demás de su familia, flageló sus vidas, ante la mirada admonitoria de la comunidad negra.
Una presencia en la casa y un fantasma que la persigue, la castiga, la consume y hacen todo más insoportable, con el que consigue amigarse para pagar su culpa. Quiere a ese fantasma porque es parte de su historia.
Toni Morrison nos deja claro que el fantasma de la esclavitud permanece en el aire, haciéndose carne cada tanto, lo viven todavía ellos con su piel bruna. Y por ello existen movimientos como Black Lives Matter.
NO SOMOS LIBRES HASTA QUE TODOS LO SEAN.
Gäbby Molina

25 de noviembre de 2013

"Memorias del subsuelo", de Fiódor Dostoievski

Memorias del subsuelo Fiódor Dostoievski
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Alejandro Ariel González
Editorial: Colihue

SINOPSIS:
Publicada en 1864, la obra se propone como un ácido cuestionamiento a las ideas más caras a la intelliguentsia rusa de la época. En ella el autor marca las continuidades que hay entre el humanitarismo liberal de 1840, impotente para actuar sobre la realidad, y el materialismo utópico, cada vez más proclive a la acción política, que empezó a circular en Rusia en la década de 1860. Desarrollando hasta la hipérbole los postulados de la nueva tendencia racionalista, el narrador de las Memorias no hace más que demostrar las inconsecuencias de estas ideas que se proponían como superación de las contradicciones de la generación anterior, en tanto siempre subsiste en la naturaleza humana un elemento irracional imposible de reducir a conceptos programáticos.
La traducción, la introducción y las notas de la presente edición han estado a cargo del profesor Alejandro Ariel González, especialista en lengua y literatura rusa de la Universidad de Buenos Aires.

OPINIONES:
Fue la lectura de febrero de 2021 en el Club de Lectura.

Esta obra de Dostoievski constituye una bisagra en su pensamiento y un avance hacia sus novelas maduras “Crimen y Castigo” y “Los hermanos Karamazov”. En ella se plantea sólidamente su ideología y la parodia a “el hombre nuevo” del siglo XIX. La obra está dividida en dos grandes partes: primeramente el monólogo del hombre del subsuelo. Un hombre de 40 años, funcionario frustrado, histérico, racional, fantasioso y siempre al borde del colapso. Un ser que piensa más de lo que puede hacer, la misma razón lo inmoviliza. En este monólogo inicial se plantea la contraposición radical con la intelliguentsia rusa, y es muy difícil de comprender sin entender el contexto cultural e histórico imperante en la Rusia de la época. La segunda parte cuenta tres grandes anécdotas del personaje que pasaron aproximadamente 20 años atrás. Destaco el relato de la escena con la prostituta que es magnífico, se muestra claramente la desesperación y la degradación humana a la que había llegado nuestro “hombre del subsuelo”.
He leído por ahí que esta obra se destaca más por su ideología que por su estética, afirmación con la que no estoy de acuerdo. Dostoievski busca y encuentra en esta obra su tono, su voz, su estilo. Los monólogos del protagonista están magistralmente relatados. Como ya es costumbre decir: “Nadie comprendió la psiquis humana como Dostoievski”. También es considerada la primera gran novela existencialista, el subsuelo representando el individualismo psicoanalítico, el lado oscuro de la mente, el subsuelo colectivo, la clandestinidad, la marginalidad. Esta obra me encantó, además la edición de Colihue está prologada magistralmente por el profesor Alejandro Ariel González, que hace un análisis exhaustivo de la obra y de su contexto, que facilitan enormemente la comprensión de un texto que sin el conocimiento de la Rusia del siglo XIX es imposible de alcanzar.

"Pues en la circunstancia especialmente abominable de que a cada momento y después de cada intemperancia tenía que confesarme a mí mismo, avergonzado, que no sólo no era tan malo como me creía, sino que ni siquiera sentía cólera, que me las echaba de espantajo sólo por vía de distracción. Cuando parecía más furioso, la más leve atención, una taza de té, hubiera sido bastante para apaciguarme. Este pensamiento me enternecía, aunque luego, y por espacio de meses, me rechinasen por ello los dientes y perdiese el sueño de puro enojado conmigo mismo. Así era yo. Pero, hace un momento, al decir que resultaba un mal empleado, me acusaba falsamente. Mentía por malicia. No; me distraía embromando a aquella gente, así al oficial como a los otros. En realidad, nunca hubiera podido ser malo. Descubría constantemente en mí un sinnúmero de encontrados elementos. Los sentía hervir en mí, consciente de que siempre habían bullido en mi interior y podían desahogarse. Mas yo no lo consentía; no los dejaba obrar, no quería que saliesen al exterior. ¡Me torturaban hasta la vergüenza; me hubiesen hecho padecer de alferecías, y ya tenía bastante! ¡Ah, ya lo creo que tenía bastante! ¿Acaso imagináis, señores míos, que siento alguna contrición, que pretendo disculparme de algo? Seguro estoy de que tal creéis; pues os doy mi palabra de que me río de todo eso".

Novela psicológica y antropológica social, calificada de “inquietante y perturbadora” por la crítica, donde en el monólogo de la primera parte, el subsuelo representa algo así como una especie de subconsciente, desde donde el protagonista narrador hace una extensa confesión de sus más íntimos conflictos, comportamientos extraños, pensamientos inicuos, contradicciones, sentimientos encontrados, perversidades, acerca de sí mismo y con sus prójimos ... el subsuelo es la alegoría del sótano donde el ser humano esconde toda la miseria, maldad y suciedad que no desea lucir ante los demás…
Comienza el monólogo dramáticamente, declarando que él es malo, antipático y está enfermo del hígado por la gran frustración que le causa su empleo de burócrata, que odia y le aburre, donde siente gozo y placer de tratar despectivamente a los parroquianos y donde tiene conflictos con un pedante personaje que arrastra un sable ruidosamente, a quien supuestamente al final derrota ... en esta parte tiene visos de sadismo. Aunque después se desmiente y dice que mintió por despecho, y explica que ya dimitió de su empleo, donde en realidad no era malo, que nunca podría ser malo, pero que hacía maldades por vía de distracción.
En un largo un flujo de conciencia se enfrenta a su soledad ... está solo con él mismo, con su conciencia, con su subconsciente, con su alma, con su mente, con su pasado, con su presente, con su futuro incierto, con sus tragedias infantiles y con su enfermedad, en lucha contradictoria con sus propios demonios, a los que adora y rechaza. Se declara inteligente … luego se denigra diciendo que cuanto más encuentra lo bello y sublime, más se revuelca en el cieno.
Habla de que es inmoral vivir más de 40 años, pero que él, que tiene 40, vivirá hasta los 70 o algo así … Dostoyevski murió con 59.
El gran complejo de culpa de Dostoyevski por tener el vicio del juego, se refleja en reflexiones masoquistas en una parte del monólogo: el placer que le da el sufrimiento, sería equivalente al de perder en el juego y la culpa del placer de jugar ...
Menciona entre sus maldades y enfermedades que tiene espuma en la boca: un síntoma de los ataques de epilepsia que sufría Dostoyevski, ya que el ex burócrata es un poco el trasunto del autor...
No solamente las tragedias familiares, el destierro, encarcelamiento y torturas en Siberia, sino la epilepsia, marcaron la vida del gran autor ruso, y creo que le dieron un empuje enorme a su creación psicológica-antropológica. De él dijo Friedrich Nietzsche: «Dostoyevski, el único psicólogo, por cierto, del cual se podía aprender algo, es uno de los accidentes más felices de mi vida. Me ha causado sorpresa y placer». Y ya sabemos que Freud fue admirador de su obra. Borges sintió la excitación del descubrimiento y Pamuk un déjà vu, como un reconocimiento interno. El autor austriaco Stefan Zweig consideró a Dostoyevski como «el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos» ... a mí me dejó bastante exhausta tanta intensidad contradictoria ...
Creo que el genio, la fuerza y la iluminación psicológica tan intensa de Dostoyevski le vienen de los momentos previos a los ataques de epilepsia, donde se produce un aumento extraordinario en la actividad eléctrica de las neuronas y según describen los enfermos, pueden sentir a Dios. Por lo tanto la epilepsia es una enfermedad bendita (Morbus Divinus, decían los antiguos griegos) en su maldición.
En la segunda parte, sigue hablando de sus contradicciones bipolares y cuenta que se entrega al libertinaje a solas y de noche, y relata tres encuentros: El primero es con un oficial alto y fuerte con quien tropieza en la calle y de quien parece quedar obsesionadamente enamorado, pues lo persigue y espía por años. El segundo, con unos ex condiscípulos a quienes no aprecia ni frecuenta, pero se cuela en una cena de despedida bastante privada, donde se embriaga y termina protagonizando unas escenas ridículas y vergonzosas. Luego se va a un burdel, y allí es el tercer encuentro, esta vez con una prostituta. Después de estar con la hermosa joven, empieza a darle paternales consejos recriminatorios acerca de su vida licenciosa y luego le da su dirección … Ella llega a visitarlo y entonces él la ofende y humilla. Todo muy emocional, matizado con sentimientos de culpa, de inferioridad y de superioridad, de orgullo y de llanto. Siguiendo con sus desordenadas costumbres, continúa pidiendo préstamos y adelantos, y gastando el dinero en francachelas, siempre mal vestido y casi harapiento, en la mayor miseria: pero tiene un criado a quien teme y con quien mantiene una extraña relación de competencia por el poder.
Este anónimo narrador intradiegético ha sido declarado antihéroe por la crítica, y su comportamiento, comparable a las teorías sociales freudianas de “represión de la agresividad y del instinto de la muerte.”
Indudablemente es una obra maestra, aunque por ser tan profunda, no es tan fácil ni placentera de leer. Cierro con esta famosa sentencia de Dostoyevski, que lo define como teísta: “Si Dios no existe, todo está permitido”.

"Ni que decir tiene que aborrecía a todos los compañeros de oficina, desde el primero hasta el último, y que a todos los despreciaba, aunque al mismo tiempo me parecía como si les tuviera miedo. Me sucedía encontrarlos superiores a mí. Me ocurría eso de pronto. Ora los despreciaba, ora los juzgaba superiores a mí. Un hombre honrado e inteligente no podría ser vanidoso sin ser muy exigente para consigo mismo y sin despreciarse en ciertos momentos hasta el rencor. Pero sea que lo encontrase inferior a los demás o que lo despreciase, casi siempre bajaba los ojos ante un recién llegado. Y hasta hacía experimentos con él: ¿soportaré la mirada de tal individuo?
...
Tenía yo, sin embargo, otro conocimiento: el de Simónov, mi antiguo condiscípulo. Tenía también otros muchos compañeros de colegio en Petersburgo; mas no me trataba con ellos, y había de saludarlos cuando me los tropezaba en la calle. Capaz hubiera sido de pedir mi traslado, a fin de no encontrarme con ellos y romper definitivamente con mi aborrecible infancia. ¡Maldita sea la escuela y malditos aquellos horribles días, propios de un presidio! En una palabra: que tan pronto como me vi libre, me di prisa en apartarme de mis condiscípulos. Sólo había dos o tres a los que todavía saludaba cuando nos encontrábamos. Uno de ellos era el tal Simónov, que en nada había descollado en el colegio: era de un carácter apacible e igual, y a todo eso añadía cierto espíritu de independencia y hasta honradez. Yo había pasado con él muy buenos ratos, aunque breves. Era evidente que aquellos recuerdos lo enojaban, como si temiese que yo volviera a adoptar con él el tono de otro tiempo. Maliciaba yo que sentía por mí cierta repugnancia; mas no estando seguro del todo, iba a visitarlo. Pero un jueves, como no pudiese sufrir más mi aislamiento, y sabiendo que los jueves Antón Antónich no abría la puerta a nadie, hube de acordarme de Simónov. En tanto subía las escaleras hasta el cuarto piso, iba yo pensando para mis adentros que el tal Simónov estaba harto de mí y me mandaría noramala. Mas me ocurría siempre que semejantes consideraciones, como si me las hiciera de encargo, me impulsaban más todavía a comprometerme en una situación equívoca. Entré. Hacía un año casi que no había visto a Simónov".
Lucila Argüello

Hablar de un libro de Fiódor Dostoyevski, es hablar de de su propia vida, es sumergirse en su pensamiento filosófico.
Como lo menciona José Ovejero en el documental, Vida y Ficción: "Una forma de estar en el mundo o de escapar de él, un desahogo de lo que no se puede contar, una manera de comprender la muerte o recuperar la infancia, de plasmar nítidamente los pensamientos, hacer valer la identidad, expresar un desvalimiento o un desengaño; puede ser subversiva e insurrecta o traer hasta nosotros el pasado y generar memoria. Todo esto es y para todo esto sirve la literatura en la voz de sus protagonistas".
En "Memorias del Subsuelo", Dostoyevski, hace una radiografía del hombre de su tiempo que vivía sumergido en el romanticismo y la contemplación. Recalca la degradación del ser humano, sus bajezas, lo superfluo de sus vidas, sin poner atención en lo verdadero e importante de la misma, como: la naturaleza, el sosiego emocional, la familia, la lectura.
La crítica a los hombres de su tiempo, se ve enmarcada desde que menciona el cargo de funcionario, todos tenían el anhelo de ser burócratas, porqué los hombres con estos cargos se les consideraba más cultos y superiores, aunque muchos estaban lejos de serlo, ya sea por como obtenían dicho trabajo o por como lo desempeñaban con el paso del tiempo, fotografiando empleados con terribles manías y peor carácter, que van haciéndole la vida imposible a los miserables que van pasando por sus escritorios o en las calles, sin que nadie tenga el suficiente coraje para enfrentarles.
Nuestro hombre del subsuelo narra como, a sus 24 años y con toda la inmadurez, insensatez, rebeldía y coraje, características propias de la edad, va enfrentando con rencor acumulado a todo lo que le hace recordar su infancia, sus años de escuela, a la familia que decidió el camino por él y después lo abandona, y a todos los que lo hacen sentir miserable, quizá porque lo sea, quizá porque lo intente ser y no lo consigue.
Las confesiones que nos hace nuestro hombre, van saliendo de lo más hondo de su conciencia, a lo que le llamo "Subsuelo", de ese lugar oscuro va brotando el recuerdo de sus frustraciones por añorar una carrera que no pudo obtener, la infelicidad por una familia que no tuvo, el enojo por la incomprensión de sus amigos ante una mente lógica para mirar la vida pero extraña para la época, su resentimiento social por lo que se estaba viviendo con el sistema establecido por los zaristas.
Este hombre nos convida la experiencia de ser un ratón enojado, insatisfecho y vengativo.
Cabe destacar que, el subsuelo, es el interior de la persona, donde todos realmente podemos pensar con libertad, donde se deja ser al verdadero yo.
Dostoyevsky , escribe un monólogo introspectivo, el habitante del subsuelo que puede ser cualquiera de nosotros con tan solo sincerarnos, es despreciable porque en nuestro inconsciente tal vez así seamos realmente. Ese hombre derrotado emocionalmente, tiene que sacar fuerzas para seguir el juego de ser un peón estable, seguir reprimiendo los instintos para ser aceptado y al no poder más, renuncia a todo y se hunde en un abismo de soledad y miseria antes que aceptar seguir siendo una pieza más del tablero.
Es importante saber que los hombres no solo pueden vivir de la razón, los instintos también influyen.
Eros y Tánatos como dualidad, la pulsión de vida. La pulsión de muerte, identificada por Sigmund Freud, señala un deseo de abandonar la lucha de la vida y volver a la quiescencia y la tumba.
Para concluir, les pido que comprendamos a nuestro, anti héroe, como él mismo se hace llamar, los instintos de agresión reprimidos en algún momento saldrán a reclamar la libertad, aunque la conciencia debe imperar y eso hará sufrir al hombre culto y sosegado.
Imaginemos la vida atormentada de este hombre, su mundo interior. Un mundo lleno de contradicciones, de remordimientos y de culpas irredentas, de ingenuidades y esperanzas. Todo lo que el cerebro crea cuando esta en agonía, todo lo que pasa por la mente tiene la consigna de alimentarla para tomar valor o para frenar las emociones, él sin duda, dio rienda suelta a todo lo acumulado en su interior, la catarsis fue necesaria para dar paso a tiempos mejores como nos lo hace entender en la segunda parte del libro.
Blanca Toral

Creo que le caben las palabras de Francisco de Quevedo:
«Hay libros cortos que, para entenderlos como se merecen, se necesita una vida muy larga».
Encuentro al autor escribiendo una novela escabrosa (al borde de lo obsceno).
Y encuentro al protagonista sin nombre tan auténtico como sus contradicciones escribiendo sin filtro, tal como acuden a su mente las ideas, desde el subsuelo del alma, ese lugar sombrío, sucio, desordenado, frío y solitario como suelen ser los subsuelos.
Un automarginado, un incomprendido, un asocial que encontró en los libros una mejor percepción de la vida, aunque limitada. Nada externo le infundía respeto ni atractivo alguno. «Fuera de la lectura no tenía ninguna distracción».
Se interpela a sí mismo todo el tiempo, pero también es una diatriba hacia los que viven sin vivir. Su permanente búsqueda de la voluptuosidad hacía que “el tedio y la angustia lo volvieran loco".
Se puso a escribir para salir del tedio, como una forma de ponerse a trabajar en algo.
Deja ver que somos un combo de lo que se ve y lo que no dejamos que salga a la luz.
Su sentido de superioridad, siempre en busca de lo bello y lo sublime, se basa en su pensamiento crítico.
El hombre del subsuelo podría ser una alegoría de lo más bajo y despreciable de la condición humana.
Un ser al que le falla su termostato emocional, que no logra dominar sus emociones y es víctima de su propio aislamiento social. «Mis impulsos de pasión terminaban en ataques de nervios, lágrimas y convulsiones». «Una ola de angustia me inundaba».
Un antihéroe que por falta de medios fue perdiendo la costumbre de vivir entre la gente, alimentando su rencor en el subsuelo, sin grandes aventuras que contar. Al igual que el Quijote, sin poder convertirse en ese héroe que desea ser y sintiendo la insignificancia de su vida.
Una lectura como un espejo en el cual podemos mirarnos a través de él.

Algunas de sus frases:
«He vivido sin vivir».
«No era que me acostumbrase, sino que lo soportaba todo con resignación».
«O héroe o insignificante ser envuelto en lodo: no había término medio para mí».
«Romper los lazos con el pasado».
«Solo el diablo sabe hasta donde puede llevar la costumbre al hombre».
«Estamos ante un caso psicológico interesante».
«Mis compañeros todos eran estúpidos y se parecían como ovejas».
Gäbby Molina
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