5 de octubre de 2020

"La guerra no tiene rostro de mujer", de Svetlana Alexiévich

la guerra no tiene rostro de mujer
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Ioulia Dobrovolskaia & Zahara García Gonzalez
Editorial: Debate

SINOPSIS: 
Casi un millón de mujeres combatió en las filas del Ejército Rojo durante la segunda guerra mundial, pero su historia nunca ha sido contada. Este libro reúne los recuerdos de cientos de ellas, mujeres que fueron francotiradoras, condujeron tanques o trabajaron en hospitales de campaña. Su historia no es una historia de la guerra, ni de los combates, es la historia de hombres y mujeres en guerra.
¿Qué les ocurrió? ¿Cómo les transformó? ¿De qué tenían miedo? ¿Cómo era aprender a matar? Estas mujeres, la mayoría por primera vez en sus vidas, cuentan la parte no heroica de la guerra, a menudo ausente de los relatos de los veteranos. Hablan de la suciedad y del frío, del hambre y de la violencia sexual, de la angustia y de la sombra omnipresente de la muerte. Alexiévich deja que sus voces resuenen en este libro estremecedor, que pudo reescribir en 2002 para introducir los fragmentos tachados por la censura y material que no se había atrevido a usar en la primera versión.

OPINIONES:
Fue la lectura de marzo de 2022 en el Club de Lectura.

CITO un pasaje de Svetlana Alexievich en su obra 'LA GUERRA NO TIENE ROSTRO DE MUJER' sobre el papel de las mujeres rusas en la Segunda Guerra Mundial:

“Todo lo que sabemos de la guerra, lo sabemos por la «voz masculina». Todos somos prisioneros de las percepciones y sensaciones «masculinas». De las palabras «masculinas». Las mujeres mientras tanto guardan silencio. Es cierto, nadie le ha preguntado nada a mi abuela excepto yo. Ni a mi madre. Guardan silencio incluso las que estuvieron en la guerra. Y si de pronto se ponen a recordar, no relatan la guerra «femenina», sino la «masculina». Se adaptan al canon. Tan solo en casa, después de verter algunas lágrimas en compañía de sus amigas de armas, las mujeres comienzan a hablar de su guerra, de una guerra que yo desconozco. De una guerra desconocida para todos nosotros.
En lo que narran las mujeres no hay, o casi no hay, lo que estamos acostumbrados a leer y a escuchar: cómo unas personas matan a otras de forma heroica y finalmente vencen. O cómo son derrotadas. O qué técnica se usó y qué generales había. (...). Los relatos de las mujeres son diferentes y hablan de otras cosas (...). En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana. En esta guerra no solo sufren las personas, sino la tierra, los pájaros, los árboles. Todos los que habitan este planeta junto a nosotros.
Y sufren en silencio, lo cual es aún más terrible.
Pero ¿por qué?, me preguntaba a menudo. ¿Por qué, después de haberse hecho un lugar en un mundo que era del todo masculino, las mujeres no han sido capaces de defender su historia, sus palabras, sus sentimientos? Falta de confianza. Se nos oculta un mundo entero. Su guerra sigue siendo desconocida... Yo quiero escribir la historia de esta guerra. La historia de las mujeres (Alexievich, Svetlana. 'La Guerra No Tiene Rostro De mujer') FIN DE LA CITA.

OPINIÓN: CREO que tengo muy poco que añadir a lo que dice la autora. Lo único que quiero decir es que merece la pena y mucho ser leída esta obra aunque sólo sea en homenaje a esas valientes niñas, adolescentes y jóvenes que desde la edad adulta se atrevieron a relatar esa "otra guerra" que vivieron en su lucha contra los alemanes. Palabras sencillas, intensas, dichas en voz baja por primera vez y que emocionan no tanto por lo que relatan sino por el brutal esfuerzo que ha supuesto a cada una de ellas sacar a la superficie de la historia lo que fueron después de tantos años de esforzado olvido. Hay tantos y tantos momentos conmovedores en lo que he leído que me es muy difícil elegir alguno pero me voy a atrever a citar uno de ellos que me resultó especialmente significativo cuando una de ellas relata su ENTRADA EN TIERRA ALEMANA.

CITO: “Por fin estábamos en su tierra... Lo primero que nos sorprendió fue la calidad de las carreteras. Unas casas de campesinos enormes... Macetas, cortinas bonitas incluso en los cobertizos. En las casas había manteles blancos. Una vajilla de calidad. Porcelana. Allí fue la primera vez que vi una lavadora... No lográbamos entenderlo: ¿si allí vivían tan bien, para qué hacer una guerra? Nuestra gente se cobijaba en chozas mientras ellos comían sobre manteles blancos. Pequeñas tacitas de café... Antes solo las había visto en los museos. Esas tacitas... Se me ha olvidado contarle... Todos nos quedamos atónitos... Habíamos empezado el ataque, allí estaban las primeras trincheras alemanas... Las asaltamos y allí encontramos unos termos con café caliente. El olor a café... Las galletas. Las sábanas blancas. Las toallas limpias. El papel higiénico... Nosotros no teníamos nada de eso...". (Alexievich, Svetlana. 'La Guerra No Tiene Rostro De Mujer').
Ana Ballester

«Nos estaban siguiendo… Vagábamos por los bosques, por los pantanos. Comíamos hojas, cortezas de árboles, raíces. Éramos cinco, uno era casi un niño, recién reclutado. Una noche el que tenía al lado me susurró: “El chico está mal, morirá de todos modos. ¿Me entiendes?…”, “¿Qué quieres decir?”, “Un preso me lo ha contado… Cuando se fugaban de la trena, se llevaban siempre a uno más jovencito… La carne humana es comestible… Así se salvaban…”. No tuve fuerzas para darle una paliza. Al día siguiente encontramos a los partisanos…».
«Avanzábamos… Entramos en los primeros pueblos alemanes… Éramos jóvenes. Fuertes. Llevábamos cuatro años sin mujeres. En las bodegas había vino. Había comida. Capturamos a unas chicas alemanas y… violamos a una entre diez hombres… Había pocas mujeres, la población escapaba del ejército soviético, así que cogíamos a las adolescentes. A las niñas… de doce, trece años… Si lloraban, les pegábamos, les tapábamos la boca con algo. Les dolía y nosotros nos reíamos. Ahora no entiendo cómo fui capaz de hacerlo… Yo venía de una familia educada… Pero lo hice…» Lo único que temíamos era que nuestras chicas lo descubrieran. Nuestras enfermeras. Delante de ellas sentíamos vergüenza…»

"LA GUERRA NO TIENE ROSTRO DE MUJER" (1985), fue la lectura conjunta escogida para el mes de marzo de 2022 en el Club de Lectura de Literatura+1 y es la entrañable obra de la galardonada escritora y periodista bielorrusa nacida en la Ucrania Soviética (1948), Svetlana Alexiévich, premio Nobel de Literatura 2015. Esta lectura está coincidiendo con el comienzo de la guerra de Rusia contra Ucrania el 24 febrero de 2022, y el final de la pandemia de COVID19, 2019-2022.
De muchos diferentes apelativos se ha denominado el nuevo GÉNERO DE LITERATURA derivado del periodismo que Alexiévich ha sacado a relucir, apoyado o creado, inclinada por el escritor bielorruso Alés Adamóvich:
NOVELA CORAL,
NOVELA COLECTIVA,
NOVELA ORATORIO,
NOVELA EVIDENCIA,
CORO ÉPICO,
ESCRITURA POLIFÓNICA,
TÉCNICA DE COLLAGE …
A través de extensos e innumerables viajes por territorio soviético, Svetlana Alexiévich obtuvo las entrevistas individuales coleccionadas de boca de infinidad de sobrevivientes, en su gran mayoría mujeres, sujetos dispuestos a relatar sus traumáticas experiencias.
El resultado lo conforma un volumen de 353 páginas: un collage de desgarradores relatos yuxtapuestos, redactados de una forma tan natural y vívida que al leerlos uno no puede menos que situarse en el escenario de la guerra y ser partícipe de tanto heroísmo, valentía y patriotismo (que impulsa a niñas a ofrecerse de voluntarias) con los consiguientes resultados de las horrendas penurias físicas y psicológicas: desolación, destrucción, hambre, frío, odio, violencia, violaciones, canibalismo, abandono, miseria, miedo, separación, muerte, mutilaciones, insultos y maledicencia, acusaciones injustas, condenas … además de los secretos de una estrategia y logística deficientes y miserables, etc.: SUFRIMIENTO TRAS SUFRIMIENTO … pero iluminado con chispazos humanos de compasión, ternura, amor, esperanza y una fe inquebrantable en la victoria.
Es una obra, por lo tanto, además de histórica y humana, muy conmovedora y triste de leer, pues cumple su tarea de ser CONCIENTIZADORA DE LA TRAGEDIA INHUMANA DE LA GUERRA.
Además, como quien no quiere la cosa, nos recuerda el importante papel de la Unión Soviética en la victoria aliada contra el nazismo.
Pero sobre todo, resalta o rescata el crucial PAPEL FEMENINO EN LA CONTIENDA, que ha sido desestimado, olvidado o ninguneado o desacreditado históricamente en todos los ejércitos.
Las historias del libro, al ser producto de entrevistas, pueden conceptuarse como TESTIMONIOS HISTÓRICOS o anécdotas verídicas contadas por sobrevivientes participantes en la II Guerra Mundial.
Considero a "La guerra no tiene rostro de mujer" una obra maestra de la Literatura y a Svetlana Alexiévich una heroína valiente: la pluma que en vez de usar tinta, escribe con sangre del corazón, para ser "la voz de los sin voz".

«En la sala del hospital donde yo trabajaba había dos heridos: un alemán y un tanquista de los nuestros.
- Cómo se encuentra?
- Yo bien-dijo el tanquista-Pero este está sufriendo.
- Es un nazi ...
- Ya, pero yo estoy bien y él sufre»
«En Ucrania liberamos lugares desolados, solo crecían sandías. No había nada más. Nos recibían con esas sandías en vez de flores»
«Recuerdo… Claro que recuerdo a una mujer alemana violada. Yacía desnuda, en la entrepierna le habían metido una granada. Ahora siento vergüenza, pero en aquel momento no la sentí. Y también los sentimientos cambiaban. Los primeros días sentíamos una cosa, más tarde otra… Pasados unos meses… Una vez vinieron cinco chicas alemanas a nuestro batallón para ver al comandante. Lloraban… Un ginecólogo las revisó: tenían heridas ahí. Estaban completamente desgarradas. Tenían las bragas empapadas de sangre… Las habían estado violando durante toda la noche. Los soldados hacían cola… » No lo grabe… Apague la grabadora… ¡Es verdad! ¡Todo esto es verdad! Ordenaron al batallón formar filas… A esas muchachas alemanas les dijeron: “Buscadlos, fusilaremos aquí mismo a los violadores. Sea cual sea su rango. ¡Estamos avergonzados!”. Pero ellas lloraban. No querían… No querían que se derramase más sangre. Eso fue lo que dijeron… Entonces les dieron una hogaza de pan a cada una de ellas. Claro, todo esto es la guerra… Claro…»
«En la sala de operaciones, detrás de un biombo teníamos una tina grande donde dejábamos los brazos y las piernas amputados»
«Uno de los heridos tenía el brazo completamente partido. Había que cortarle el brazo. No tenía tijeras ni cuchillo...corté la carne con los dientes»
Lucila Argüello

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