14 de agosto de 2018

"Stasiland. Historias tras el muro de Berlín", de Anna Funder

Stasiland Anna Funder
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Julia Osuna Aguilar
Editorial: Roca

SINOPSIS:
Durante años se nos vendió que en la RDA no existía oposición al comunismo, una afirmación amparada por la historia y la naturaleza de los alemanes del Este, un pueblo disciplinado y educado para obedecer órdenes. Pero más allá de las condiciones naturales existía el poder de la Stasi, la policía secreta de la RDA, que contaba con el mayor número de miembros y confidentes por ciudadano que cualquier otro estado totalitario de la historia.
A través de diferentes entrevistas con antiguos miembros de la Stasi y algunas de sus víctimas, Anna Funder consigue reunir testimonios hasta lograr una visión espeluznante de una sociedad férreamente controlada. Y nos descubre la acción de la policía secreta en Occidente, su infiltración en medios políticos, cómo vendían a los disidentes por divisas de la Alemania Occidental y qué sucedió en los últimos días de la RDA, desde el punto de vista de quienes debían haberla defendido.

OPINIÓN:
Por azar cayó en mis manos el libro de Anna Funder Stasilandia cuyo título me hizo gracia pues nos remite a espacios cerrados de carácter lúdico y donde la vida parece suspenderse en pro de otras alternativas que nos harán olvidar el día a día.
Nada más diferente: se trata del relato que la autora-narradora llegada a Berlin en 1996, años después de la caída del muro en 1989, escribe después de investigar las huellas que dejó la STASSI, una de las policías políticas más terribles de todos los tiempos, en los que la sufrieron e intentaron librarse de ella. Asimismo, narra los efectos que la desaparición de la R.D.A. tuvo en aquellos que la promovieron y que hoy en día son apacibles ciudadanos de la R.F.A.
Hay que pensar que, según palabras de la misma Funder, existían 173000 confidentes. Para apreciar la barbaridad que supone, la autora señala que en “la Alemania nazi había un agente de la Gestapo por cada 2000 habitantes; en la URSS, un agente de la KGB por cada 5830 personas y en la República Democrática Alemana un confidente de la Stasi por cada 63 personas y si incluimos a los confidentes ocasionales algunos estiman que había una proporción de un informante por cada 6,5 ciudadanos”.
El relato valiéndose de entrevistas con personajes reales, en la mayoría mujeres muy jóvenes que intentaron cambiar sus vidas, va dibujando la estremecedora tela de araña que erigía en enemigo del régimen a cada vez una población más extensa de tal manera que todo ciudadano se convertía en espía o víctima.
Después de la caída del Muro, todos reemprendieron su vida: unos con heridas que no se han cerrado y buscan explicaciones -a través de los expedientes que no fueron destruidos- de por qué fueron perseguidos, sus carreras truncadas, o eliminado algún ser querido. Otros, entre ellos los de la Stasi y afines a ellos, protegidos por un muro de silencio en la R.F.A. tratan de revivir y alimentar la “ostalgie”, o sea la añoranza del modo de vida que la destrucción del muro barrió, esperemos que para siempre.
También quiero decir que su relato, a pesar de lo agreste del contenido, está contado con una emoción y delicadeza notables de tal modo que provoca un acercamiento a lo narrado además de contener momentos de alto nivel lírico que aminora levemente la percepción dramática de lo vivido allí y que poco a poco va creciendo en el lector.
Para terminar, he de referirme a la película de “La vida de los otros” (2006) cuyo visionado aconsejo, protagonizada por Ulrich Mühe que en la vida real fue guarda de frontera del muro (después actor) y que fue uno de los líderes que encabezó las protestas para la caída del mismo. Ulrich Mühe cuando tuvo acceso a su expediente descubrió que su propia mujer era una confidente de la Stassi.
Termino con esta cita del libro: hay un arte, profundamente político, de utilizar las circunstancias que surgen para ponerlas de tu parte o en contra de la oposición reformulando continuamente una realidad en la que la inocencia solo existe en los extremos.
Ana Ballester

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