29 de abril de 2019

"Érase una vez la taberna Swan", de Diane Setterfield

erase una vez la taberna swan
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Ana Mata Buil
Editorial: Lumen

SINOPSIS:
En una oscura y brumosa noche, en el pequeño pueblo inglés de Radcot, a orillas del Támesis, los lugareños se reúnen en la taberna Swan para compartir un trago e historias llenas de sabiduría popular. Con seiscientos años de antigüedad, la posada es famosa por reunir a los mejores narradores de cuentos populares, pero esa noche la tertulia nocturna se ve interrumpida por la llegada de un hombre misterioso empapado en sangre que carga en sus brazos a una niña inconsciente. Antes de que el hombre pueda emitir explicación alguna, cae derrumbado.
Mientras tanto, río arriba, dos familias buscan desesperadamente a sus hijas, Alice Armstrong, a la que nadie ha visto desde hace veinticuatro horas tras el suicidio de su madre, y Amelia Vaughan desaparecida dos años atrás sin dejar rastro.

OPINIÓN:
Es lo primero que leo de la escritora inglesa Diane Setterfield, aunque su nombre me era conocido de hace tiempo, y no me arrepiento. 
La última obra de Setterfield es una novela coral, en la que ya el inicio del título “Érase una vez…” nos puede dar alguna pista. Ese es el comienzo de los relatos orales, historias contadas alrededor de una lumbre y que se cuentan de generación en generación y sobreviven al tiempo y así se entiende que la novela es una historia de historias. Hay una historia principal con una niña protagonista y un lugar de encuentro, la taberna de Swan, regentada por Margot, su marido Joe y sus hijas e hijo, donde confluyen además, otras vidas y otras historias, la de la comadrona y enfermera Rita, la familia Vaughan o los Armstrong entre otros.
Son las historias de los habitantes de Radcot y de la ribera del río Támesis, que transita por el sur de Inglaterra y es uno de los principales caudales de suministro de agua de la región.
Buena parte de la narración es intemporal, pero por las descripciones y algunos detalles nos podemos imaginar la Inglaterra de finales del XIX poblada con gente muy supersticiosa. Y en la narración más que la ubicación el ritmo viene marcado por la corriente del río, que parece poseer vida propia.
Una novela extensa pero de lectura facil, pausada y amena, donde se percibe el talento de Diane Setterfield como “contadora”, la autora sabe hacer fluir el relato de un modo similar a los caudales de un río, enriqueciéndolo de numerosos detalles y personajes perfectamente perfilados. Además un aura de superstición, misterio y leyenda mantiene a lo largo de las páginas el interés en las distintas tramas.

Inciso: Destaco al personaje Henry Daunt basado en alguien real, el fotógrafo inglés Henry Taunt.
Dolors Martínez

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