14 de noviembre de 2019

"El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes", de Tatiana Ţîbuleac

el verano en que mi madre tuvo los ojos verdes
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Editorial: Impedimenta

SINOPSIS:
Aleksy aún recuerda el último verano que pasó con su madre. Han transcurrido muchos años desde entonces, pero, cuando su psiquiatra le recomienda revivir esa época como posible remedio al bloqueo artístico que está sufriendo como pintor, Aleksy no tarda en sumergirse en su memoria y vuelve a verse sacudido por las emociones que lo asediaron cuando llegaron a aquel pueblecito vacacional francés: el rencor, la tristeza, la rabia. ¿Cómo superar la desaparición de su hermana? ¿Cómo perdonar a la madre que lo rechazó? ¿Cómo enfrentarse a la enfermedad que la está consumiendo? Este es el relato de un verano de reconciliación, de tres meses en los que madre e hijo por fin bajan las armas, espoleados por la llegada de lo inevitable y por la necesidad de hacer las paces entre sí y consigo mismos.
Plena de emoción y crudeza, Tatiana Ţîbuleac muestra una intensísima fuerza narrativa en este brutal testimonio que conjuga el resentimiento, la impotencia y la fragilidad de las relaciones maternofiliales. Una poderosa novela que entrelaza la vida y la muerte en una apelación al amor y al perdón. Uno de los grandes descubrimientos de la literatura europea actual.

OPINIONES:
He leído EL VERANO EN QUE MI MADRE TUVO LOS OJOS VERDES de la escritora moldava Tatiana Tîbuleac.
Con un arranque descarnado y perturbador, la autora nos introduce de sopetón en una historia que prevemos difícil y desgarradora, narrada en primera persona por un joven inestable, con un comportamiento irascible y cruel hacia su madre, a quien desprecia y odia.
La autora despliega una enorme intensidad narrativa y un tono directo y crudo en una primera parte que deja al lector sin respiración, pero a medida que se desarrolla la trama, esa intensidad va templándose, llegando a momentos de gran ternura, lirismo, emoción y belleza.
Con un gran dominio del lenguaje y de los tiempos narrativos, Tibuleac va desgranando una amarga historia de soledad, rechazo e incomprensión, que encaja a la perfección con una conmovedora historia de amor, redención y aceptación, que toca la fibra y atrapa al lector.
Yolanda Castilla Galdos

«Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás. (…) La habría matado con medio pensamiento».
De esta manera tan cruda y atroz comienza “El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes”.
Aleksy, ya adulto, nos relata el último verano que pasó con su madre en un pueblecito francés. Él es un chico que padece una enfermedad mental -aparte de un trauma infantil relacionado con su madre- y que está en un centro psiquiátrico. Ella, una mujer que siente que ha desperdiciado su vida -nada fácil- y que también quedó bastante tocada con la muerte de su hija.
Aleksy odia a su madre, se odia a sí mismo, aborrece a todo el mundo y detesta su vida en general con todo lo que hay en ella y que le rodea. Es una persona violenta y, aunque su enfermedad mental carece de etiqueta durante toda la novela, se dan algunas pistas sobre cuál puede ser.
Vivimos junto a madre e hijo un verano en el que los fantasmas no dejan de atormentar y los rencores se niegan a desaparecer. En el que Mika (hermana) y Moira tienen su papel en forma de recuerdos en la mente del narrador. Un verano en el que el odio y el rencor, aunque no desaparecen de pronto, van dando paso al amor y el perdón, desembocando en reconciliaciones con ellos mismos, con sus vidas y con el otro. Unos meses en los que se hacen presentes el uno para la otra, se entienden, comprenden, aman y perdonan.
Tatiana Tibuleac tiene una pluma maravillosa, asequible y poética, que te atrapa y envuelve sin dejarte que abandones la historia hasta terminarla, a pesar de saber casi desde el principio cual es el final. Esta novela está llena de poesía y sabiduría (no voy a poner ningún fragmento porque me costaría elegir, he marcado decenas de ellos). Parece realmente increíble que sea la primera novela que escribe esta mujer.
El estar dividida en capítulos cortos es otro punto a favor de esta novela, ya que facilita la lectura y te da los momentos de “pausa” necesarios antes de enfrentar el siguiente capítulo.
A partir de un argumento aparentemente sencillo, la autora es capaz de crear esta obra de arte con el poder de transmitir a la perfección un retrato de la mente y los sentimientos humanos, y lo complicadas que pueden ser a veces las relaciones materno fíliales.
Es una historia durísima y demoledora, pero tan bellamente escrita que sería una locura tenerle en cuenta las veces que te quedas hecha polvo durante su lectura. A pesar de la dureza, Tatiana nos da una de cal y una de arena, nos da algunas treguas y nos rescata del dolor con un poco de bondad, esperanza y, sobre todo, amor; treguas que estremecen igual de intensamente que las partes más duras.
Aunque pueda sonar contradictorio, hay una gran dosis de ternura en esta lectura. Así es “El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes”, una joya recomendable al 200% capaz de hacerte llorar y sonreír al mismo tiempo; capaz de removerte y quedarse en tu cabeza junto a ese verano en que la vida, por una vez, fue amable y mereció la pena.
No puedo terminar esta reseña sin valorar también muy positivamente el trabajo de traducción de Marian Ochoa de Eribe: excelente, no creo que la traducción pierda ni una pizca de fuerza respecto al original.
Verónica Hernández

“Y que no tuviera miedo. Permanecimos tumbados en el campo de girasoles, silenciosos y doloridos como unos abortones de flores. Volvimos a casa por la tarde, llevados por la lluvia y unidos por la mano delgada de mi madre como por un cordón umbilical sin cortar. Y que no tuviera miedo”.
Estoy conociendo con esta novela a la joven y premiada escritora moldava Tatiana Tibuleac.
Desde el principio el relato es impactante, intrigante y con un bello lenguaje poético … el discurso interno del protagonista narrador, un adolescente violento, muy perturbado y lleno de odio, impresiona y provoca curiosidad por conocer más de la historia de su disfuncional familia y sus tragedias.
Se lee muy rápidamente. No lo puede uno dejar hasta el final; son sólo 161 páginas.
Para ser su primera novela, creo que está muy bien, con sus aparentes exageraciones de ficción un poco surrealistas, un poco psicológica, y un poco tierna novela rosa y un poco violenta novela negra …
Me gustó mucho; me gustaron sus colores chocantes y alucinógenos … la sentí demasiado corta, porque quería leer más de la historia. La recomiendo.
“El secreto de los abortones de flores se vendió por un cuarto de millón de libras esterlinas. Fue el primer cuadro que pinté y después de él dejé, oficialmente, las drogas”.
Lucila Argüello

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